martes, 19 de junio de 2018

HECHICERA

Maga de la mirada,
visaje de lo exótico,
fiereza de vicio occidental;
suave murmullo
del verbo latino
con morbo
anglosajón;
musa y aguijón,
madreperla coralina,
achuchón;
juego infinito,
pasión y deseo:
imaginación...
Y todo sin apenas rozarte, quedamente
con un abrazo,
con besos
suaves
sobre tu frente desnuda
¿Cómo pude soportar eso?
¿Cómo puedo quererte y no romperme?
Tu me das vida,
esperanza de superar,
día a día, la muerte...
¿Es eso hechicería?

José Antonio Vidal Castaño (11-06-016)

 

jueves, 14 de junio de 2018

Humanidad e inhumanidad

Humanidad e inhumanidad. La microhistoria de José A. Vidal Castaño.


De José Antonio Vidal Castaño no había leído ningún libro hasta ahora mismo. Nadie es perfecto. Por eso, yo procuro mejorar mis conocimientos. No quiero que se me reproche ignorancia culpable. No quiero que se me pasen libros relevantes que merecen ser leídos. Y sería lamentable, sin duda, perderse el volumen de Vidal Castaño.

En las páginas de su libro hay investigación, estudio erudito del pasado, y hay relato, detalle de penalidades, examen de la conciencia histórica, evaluación de la vida y la muerte. Duele esa reconstrucción: lo que realiza José Antonio Vidal Castaño se asemeja al proceso que un juez riguroso haría con un episodio lamentable, con el espanto que produce saber que hubo compatriotas que fueron tratados de manera infrahumana.

‘Exiliados republicanos en Septfonds (1939)’ (Los libros de la Catarata, 2013) es un libro tristísimo y a la vez reparador. Se nos precisa lo que se hizo con los exiliados españoles que cruzaron la frontera en 1939; se nos cuenta qué pasó con aquellas gentes que fueron a parar a campos de internamiento franceses. Concretamente al que estaba en Septfonds. Allí fueron tratados de manera ambivalente. La Francia receptora temía una avalancha de españoles perseguidos, huidos. Muchos franceses acogían con humanidad a los derrotados.

En las páginas escritas por Vidal Castaño notamos la intemperie, el frío, el barro, la humedad, las enfermedades pulmonares, el hambre. Es la penuria extrema y es el dolor, el miedo. Francia pronto caerá tras la invasión nazi y ese hecho, la guerra europea que se extiende, agrava, agiganta la amenaza. En este libro de fino análisis y escritura suelta averiguamos historias particulares, casos propios de la microhistoria: no ejemplos, sino individuos con identidad propia que tienen habilidades y de debilidades.

El observador trata con mucho mimo y respeto el objeto de estudio, se vale de testimonios de supervivientes, de fuentes históricas varias… hasta dar con una caja de madera que contiene documentos personales de uno de los protagonistas: sus memorias, sus poemas, su cartas, etcétera. La historia se hace con documentos, sí, pero se hace sobre todo gracias a la mirada crítica del historiador, esa aguda observación de lo que parece normal y cotidiano. Hay que tener los ojos bien abiertos y hay que saber dar sentido a lo que en principio parece no tenerlo.

Las víctimas, los supervivientes, los descendientes estarán contentos con este libro. No es una exhumación, no es el simple traslados de huesos. Es una obra de reivindicación humana realizada con sobriedad, sin revanchismos. Quizá a Vidal Castaño le podría haber sido útil leer un libro sencillamente conmovedor y práctico que le recomiendo. Me refiero a ‘Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX’ (2001), de Jonathan Glover. Porque la historia de Vidal Castaño es una historia moral de 1939.

 Justo Serna es Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia, tiene distintas publicaciones. Se ha especializado en Historia Cultural e Historiografía. Creó el blog Los archivos de Justo Serna en 2005.

Historia y mito del Sargento Fabra

Historia y mito del Sargento Fabra

Cuando se quiere comprender la historia no basta con conocer la historia colectiva o la historia individual porque ambas son versiones de la Historia con mayúsculas. Es la historia científica, académica, la que ataca la creación histórica anecdótica y manipulada en que puede convertirse la historia colectiva porque desde Herodoto defiende su intención de contar la realidad. Y contar la realidad es la razón por la que el pasado viernes se presentó en Paterna el libro de José Antonio Vidal Castaño: “El Sargento Fabra. Historia y mito de un militar republicano. (1904-1970)” resultado de su tesis doctoral.
 El acto organizado por el ARPA (Ateneo Republicano de Paterna) contó con la presencia del catedrático en historia contemporánea Marc Baldó que insistió en la necesidad de la historia científica que tiene el propósito de narrar la realidad y la experiencia social, porque es el método que la academia y el autor del libro aplican.
 Distinguió Baldó la historia científica de la historia popular y especificó que, a diferencia de estas dos, la memoria colectiva no la construimos nosotros sino que nos viene dada tras una selección y una manipulación. Por desgracia, es en el momento en que la historia individual falla o tiene carencias, cuando adoptamos la memoria colectiva como buena. Es de esta manera como los sucesos históricos parecen bien distintos y en mayor medida ocurre cuando las generaciones van sucediéndose.
 El caso del Sargento Fabra es de difícil estudio porque fue un funcionario que no dejó mucho más que su expediente y su juicio, además de una declaración de ideales en una entrevista que le hizo “la voz” con motivo de su ascenso. Sin embargo, el autor ha ido mucho más allá del mítico suceso que aconteció en Paterna en 1936 en el que abortó la rebelión de sus oficiales contra la República y ha contextualizado la sociedad que vio nacer a Carlos Fabra Marín y también aquella que le acogió cuando huyó a Francia con su familia. Lo escribe Vidal consciente de la necesidad del contexto, de la historia científica y de facilitar la lectura y la comprensión respondiendo con una lectura fácil a cuestiones como ¿fue española la llamada gripe española? O ¿por qué se produjo la guerra civil? Finalizó Baldó llamando al reconocimiento de la investigación de Vidal como una suerte para Fabra, Paterna y los Republicanos.
 Por último, destacar la falta de reconocimiento que se ha otorgado al Sargento Fabra que si bien aconteció en un mito en ambos bandos, sobrevivió en la memoria individual como un mito de tragedia griega, mientras la memoria colectiva impuesta hizo olvidar su figura y la de tantos otros que siguen siendo héroes para sus familias. Por esto el ARPA aprovechó el evento para anunciar públicamente su intención de presentar una moción instando a que se recupere la figura del Carlos Fabra Marín como Sargento y como persona, porque es un referente en la defensa de los valores democráticos que tanta volatilidad tienen hoy.

Por Sara Liern Roig

https://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/historia-y-mito-del-sargento-fabra/ 

¿Historia versus ficción?

¿Historia versus ficción?

 

Por José Antonio Vidal Castaño*
Historia y ficción, dos palabras, dos conceptos distintos que sin embargo no están en contraposición. Su pretendida rivalidad ha respondido y responde más a intereses comerciales que a disputas intelectuales; más para ganar consumidores que para difundir cultura. ¿History versus fiction? Do not.
Historia y ficción se complementaron con o sin la voluntad expresa de sus autores, marchando juntas o en paralelo, utilizando una herramienta literaria común sin la que no funcionarían: la narración. Primero, observar realidad o irrealidad e investigarlas; luego, escribir sobre ellas. Y no hay, no puede haber contradicción irresoluble entre aquellas cosas que se necesitan para subsistir. Lo que sí se detectan son prestaciones mutuas. La historia (con o sin mayúscula inicial) presta a la ficción datos y documentos, precisión y rigor; capacidad de ordenar acontecimientos, necesidad, tal vez, de ejercer la reflexión, o establecer conclusiones; una posible metodología de trabajo.
La ficción, disfrazada de novela, cuento o nouvelle presta el tejido narrativo; las formas siempre subjetivas, la interpretación de sentimientos y costumbres; el tratamiento de personajes y su ubicación en su escenario vital; el transcurrir de lo cotidiano a lo sobrenatural o viceversa; lo por venir, el destino con el que sueña cada cual: el autor, los personajes que cobran vida por sí mismos, el lector que los interpreta, les pone cara y vestimenta si no se lo hizo antes el cine o una de tantas series televisivas.
Se ha dicho que la historia (la history o ‘lo real’) reconstruye y rescata el pasado, y que la novela o el relato breve (la story ‘lo imaginario’) la ficción en suma, crea una situación dramática (teatro y poesía fundidos) de esa acción reconstruida con esos materiales con los que, según Dashiell Hammet, se fabrican los sueños. Cierto e incierto a la vez. Todo suceso del pasado lo leemos desde el presente y lo que sucedió se manifiesta entre lo cotidiano, rodeado de circunstancias distintas y con un ritmo mucho más endiablado, envuelto por “el ruido y la furia”, como anticipara William Faulkner, de la sociedad contemporánea. Furia y ruido, violencia y espectáculo, que en ocasiones exceden a nuestra capacidad moral de comprensión, sin que dispongamos de parámetros fiables de asimilación de los desajustes éticos y emocionales que nos provocan.
Por eso la Historia y en particular la del pasado reciente, es de alguna forma historia del presente que no actualidad noticiable, y además siempre se repite (como asegura Javier Cercas) pero, cabe añadir, de otras formas y maneras. La historia debe buscar aproximarse a la verdad sin que deba ser motivo de desazón el no hallarla, lo que resulta frecuente, por más que el resultado afecte a nuestro pasado y nos duela vulnerarlo; “ese pasado que se resiste a pasar y que leemos con ojos actuales” digo en La España del maquis [1936-1965], (Punto de Vista, 2016).
Reconstruir el pasado es tarea preferente de historiadores y cronistas a quienes, sin embargo, les está vedado el futuro. Éste queda lejos del alcance de las baterías históricas. Es coto vedado para el historiador lo que para el novelista puede ser una alternativa. El primero, puede historiar avanzados proyectos de futuro, su incidencia en el mercado mundial de las tecnologías de punta o de la inteligencia artificial como lo hace el israelí Noah Harari en Homo Deus (Debate, 2016). Vaticinar el futuro, aunque un historiador juegue a demiurgo o a imaginar contrafactuales, no es lo propio de su oficio. Paul Preston, el insigne hispanista británico, en una reciente entrevista explica con sencillez que la historia es, ante todo: “Saber de dónde hemos venido y por qué hemos llegado a donde estamos para aprender de los errores.”
Parece oportuno lo que el inmortal Cervantes escribiera sobre la historia en el siglo XVII, hace más de cuatrocientos años. Nos lo dice en esta frase del Quijote y con la palabra verdad por delante:
“…la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.”
El manchego nos está diciendo que la historia no es la verdad, ni siquiera que la detente o contenga; ni que esté capacitada para adivinar lo porvenir. Nos dice sobre todo que es madre, es decir, protectora, y portadora de la verdad. Todo eso y lo demás. Ir más allá invadiría competencias ajenas.
Competencias que son el terreno de la ficción, sin que escribir ficciones nos convierta en adivinos o impostores. La ficción tiene más que ver con el invento (no necesariamente original); con la creación y los juegos de palabras que nos llevan a pensar más allá de nuestras circunstancias. Es decir, con la fantasía, la imaginación, y los recursos mentales o no —pueden ser salidos de las entrañas, etc.—, subterfugios que propongan nuevas historias, donde history y story tengan cabida.
Puede que la ficción no sea necesariamente original para adentrarnos en la construcción de una historia cuya intrahistoria sea precisamente la historia de la repetición de algo ya dicho, que se superpone o habita debajo de lo que se transmite y que, en un momento determinado comparece. El mejor ejemplo se lo debemos a Borges, creador de las mejores Ficciones del siglo veinte y lo que va del veintiuno, con permiso de los Kafka, Conrad o Chéjov. Manejando la antigua edición de emecé, 1989 releí por enésima vez y con renovado placer: Pierre Menard, autor del Quijote. Esta rocambolesca historia teje una red de despropósitos que alcanza su cénit en afirmaciones de antología tales como:
“A pesar de estos tres obstáculos (el Quijote es un libro contingente, el Quijote es innecesario, [¡ondi!] el Quijote simplificado por el olvido y la indiferencia, puede equivaler (…) a la imagen anterior de un libro no escrito); el fragmentario Quijote de Menard es más sutil que el de Cervantes. Este, de un modo burdo, opone a las ficciones caballerescas la pobre realidad provinciana de su país (…) En su obra no hay gitanerías ni conquistadores ni místicos ni Felipe Segundo ni autos de fe. Desatiende o proscribe el color local. Ese desdén indica un sentido nuevo de la novela histórica.”
En la primera lectura reí a mandíbula batiente. En las posteriores la risa se trocó en sonrisa con ribetes de mueca por aquello de la impotencia acerca del país de Don Quijote. Es decir de éste en el que vivimos… Unos párrafos más y degustamos el tratamiento dado a la frase extraída de El Quijote, que antes hemos saboreado, al leer:
“Es una revelación cotejar el Quijote de Menard con el de Cervantes. Este, por ejemplo, escribió (don Quijote, primera parte, noveno capítulo) “: …la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.”
Explícito reconocimiento del plagio que se reafirma más adelante:
“… Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el “ingenio lego” Cervantes esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia”. Menard, en cambio, escribe: …la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.
¿Demasiado? Complejo, lúcido y audaz, Borgesnos desafía:
“La historia, —escribe— madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica para él, no es lo que sucedió. Es lo que juzgamos que sucedió”.
Así pues, ficción. Ficciones. Historia e historias de la historia. ¿Qué es más ficción que qué? ¿Qué es más historia que qué? ¿Qué son los libros de Javier Cercas, por ejemplo, ¿Historia y ficción? ¿Ficción con historia?. No. Son novelas afirma el autor y así es, novelas en las que cabe todo. ¿Qué son mis propios libros? ¿Historias de la historia o ficciones históricamente recreadas? Ensayos y relatos, tal vez ¿Qué es La sombra de la guerra (Taurus,1999) de Benet?, ¿unas narraciones enfermas de lo histórico? Y sus novelas sobre ese misterioso país llamado Región?, o los libros de… La búsqueda, el camino que traza cada cual se revelan entonces como lo único importante. La fábula borgiana de Pierre Menard no pretende una parodia del Quijote de Cervantes, sino convencernos de que la ficción es la más pura de las historias, y que es la ficción la que gobierna, desde la construcción de un texto, desde la elaboración del discurso sobre las pruebas materiales, legajos de archivos, hechos o testimonios orales.
La historia se concibió ya por Herodoto, Tucídides, Jenofonte, Tito Livio, etc., como una narración (ficción) acerca de lo ocurrido. Es decir, como un género literario para bucear en el pasado. A lo largo de los siglos se afianzó en las universidades como una disciplina especializada en saberes que atañen a ese pasado. Sigue y seguirá en discusión, el estatuto epistemológico acerca sus objetivos y usos públicos como disciplina científica, pero, sin duda, ha ganado espacios y audiencias, cada vez mayores. Su acercamiento a la verdad exige depurar mitos y leyendas para ceñirse a la comprobación rigurosa de los hechos utilizando técnicas y metodologías propios de la investigación científica: archivística, documental, bibliográfica, historiográfica, etc.
Los testimonios orales presentan la considerable ventaja de aproximarnos a las pulsiones humanas de los protagonistas. Son de inestimable ayuda si son directos, muy cercanos en parentesco o amistad y próximos en el tiempo al acontecimiento. El testimonio oral, como expresión directa de la memoria, y más de la “memoria histórica” suele ofrecernos la fragilidad que presenta esta, los pliegues y repliegues que le son propios, a través de las personas que nos transmiten sus puntos de vista, emociones y argumentos que pueden envolver investigador. Deben utilizarse con mimo, paciencia y cuidado. Refuerzan la necesidad de comprender. Y esto le ocurre al historiador y al novelista.
Atravesamos momentos críticos, como en tantas ocasiones. Historia y ficción lo reflejan. La concepción tradicional de la historia sale perdiendo en estas crisis. Centenares de libros, miles artículos y otros textos histórico apenas trascienden los ámbitos académicos. Un cartel de propaganda editado por el Ministerio de Instrucción Pública del Gobierno republicano español en 1937 ya era consciente. LEED. Combatiendo la ignorancia derrotaréis al fascismo y una mano entregaba un libro de HISTORIA a otras manos prestas a recibirlo. Para aprender historia, para conocerla, para confrontar lo que dicen distintos autores y diversas fuentes se precisa leer libros de historia. Pero también se precisa leer novelas, narraciones, en prosa o verso, desde La Ilíada a Brave new world…
Un apunte sobre las “novelas históricas”. Toda novela es en cierto modo histórica puesto que refleja una época y un contexto. Una buena novela puede rehuir la erudición histórica y los debates filosóficos o no, e incorporarlos como hace Umberto Eco en El nombre de la rosa asumiendo los riesgos de esta deriva. Las novelas de Carson McCullers evidencian el sur histórico de la guerra civil estadounidense. La pasión que destila su prosa penetra como la afilada hoja de un cutter entre los recovecos humanos. Si la historia es también relato, la ficción lo es mucho más, aunque métodos y libertades de las que disponen sus autores sean distintos. El historiador no parece obligado a ser buen narrador y, sin embargo, debería serlo. Borges, al trazar el diagrama mental de Pierre Menard, recomienda, por si acaso, brevedad, diciendo:
“Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros, el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario”.
Historia y ficción deberían aspirar no solo a la veracidad y verosimilitud, sino a ser, desde la complejidad, legibles e incluso a procurar entretenimiento. No encuentro razones para no intentarlo. Alberto Manguel, asevera que la realidad no sería entendible, verosímil, sin la ficción. Y así es. Lo escribió Shakespeare como título de una de sus comedias: Así es, si así os parece.
*Doctor en Historia Contemporánea y Escritor.

martes, 5 de junio de 2018

Del vicio de leer y la necesidad de escribir



Del vicio de leer y la necesidad de escribir



La lectura y la afición por los libros tienen que ver, en mi caso, con un afán posesivo, un afán por apropiarme de sus formas y contenidos que solo puedo explicar o justificar por la búsqueda desinteresada y apasionada de una historia y, por qué no, de la historia que subyace en cada una de sus páginas.
Busco sucesos que me conmuevan, que me hagan desear haber estado allí, haber vivido y participado en el avatar sin importarme las consecuencias. Sin embargo, resulta complicado descubrir y más aún describir ese momento de inflexión en el que perdemos la inocencia de nuestro mundo interior para mezclarlo con el mundo de nuestras afueras; dos mundos, por supuesto, terrenales.
En mi niñez, permanecí un tiempo largo encamado debido a una enfermedad crónica. El cuarto donde mi padre se aislaba para conversar con sus escritores predilectos permanecía a mi alcance y, poco a poco, me convertí en un pequeño ladrón de libros, hurtando algunos de aquellos volúmenes para devorarlos en mis horas de soledad y convalecencia.
Al principio nadie se dio cuenta, pero un día mi progenitor observó que alguien había alterado el orden de los volúmenes; donde debían estar los Verne, Salgari, Dumas, Stevenson, etc., aparecían los Tolstoi, Dickens, Balzac, Galdós, Zweig, Istrati (un autor raro, por cierto), Dhuamel (más raro), o Lotti (rarísimo y exótico), amén de otros, así que la autoridad familiar devolvió a su lugar aquellos ejemplares y los cerró bajo llave. Consideró que eran lecturas inapropiadas para un mocoso, me permitió, eso sí, el acceso a los libros de “aventuras” entre los que había auténticas joyas… como La isla del tesoro o Moby Dick.
Un buen día, el hacedor de mis días, intentando paliar mi aburrimiento, llegó con unos tebeos bajo el brazo y, a falta de libros, los tebeos (no eran aún cómics) se convirtieron en lo cotidiano. Y me alimenté de viñetas y bocadillos hasta recuperar el derecho a disfrutar de los libros. Las malas costumbres de la lectura llevaron a otras peores. Pronto pedí una libreta para escribir, no sabía bien qué. En un primer momento quería llevar un diario, sin embargo, consideré que la vida de un enfermo era poco interesante, de manera que escribí pequeñas historias sin sentido y así empezó todo.
De adulto seguí leyendo, pero acuciado por estudios y otros intereses me costó volver a la escritura. Lo hice a través de la historia, una dama de la que me enamoré y a la que quería dominar. La mejor forma de hacerlo era leerla y, ¿por qué no?, domarla, es decir, escribirla e incluso reescribirla para que otros pudieran leerla con mis palabras. Y me puse a ello.
Mi adoración por la lectura y mi necesidad de escribir entraron un día en contradicción con el sabio George Steiner a propósito de su opúsculo titulado El silencio de los libros. Me puse de inmediato en guardia, a favor y en contra de ese texto, por otra parte, maravilloso.
Steiner se refiere al silencio que necesita la lectura en una sociedad tan ruidosa y se muestra un tanto desmoralizado por su precaria situación actual. Afirma que la música es la forma más universal de la comunicación artística: “No hay un solo ser humano en el planeta ¾dice¾ que no tenga una u otra relación con la música”. Y añade leña al fuego: “La mayor parte de la humanidad no lee libros, pero canta y danza”. 
Considero, de acuerdo con el maestro Steiner, que la música es superior a la palabra para comunicar sentimientos, pero no para desentrañarlos y ahondar en ellos. Y ahí en ese espacio, ora invisible, ora inabordable, están los libros, la lectura e incluso los lectores, y por extensión también los escritores como domadores de la palabra.
Si la lectura nos atrae lo suficiente como para alejarnos del “mundo real”, si esta atracción es tan fuerte y persistente que nos aparta de lo “rentable”, estaremos, amigos, practicando un vicio. Un vicio, como dice Michel Crépu, “impune”. No se trata, claro está, de la impunidad que ampara la evasión de impuestos o cualquier otra villanía. Estoy hablando de la liviana y elegante impunidad que se deriva del alejamiento de la barbarie. La receta: horas y horas de buenas lecturas. ¡Ah!, y no me pregunten qué son buenas lecturas…
Para acabar. Es cierto que los vicios de la lectura y la escritura guardan relación con generaciones y modos de vida que parecen alejados de las connotaciones que los hacen posibles, pero no se fíen de las apariencias porque estas suelen engañar. 
Romper con el pesimismo que se cierne sobre la lectura y sobre la escritura o acabar con el mito de que cada vez se lee menos y se escribe peor es deber de los lectores y de los escritores, pero también de los ciudadanos libres en general. Me resisto a admitir las profecías que han enterrado el vicio de la lectura y la necesidad de la escritura. ¿Creemos, de verdad, que dentro de unos años nadie leerá un puñetero libro ni escribirá algo original y apasionante?
Creo, como el viejo y adorado Alonso Quijano, que es posible luchar contra los molinos de viento llevando adelante un proyecto de vida utópico que, por serlo, sigue y seguirá estando contra el mundo que se empeña en contradecirlo.
José Antonio Vidal Castaño.

Gaza



Gaza




Cuatro letras, las dos vocales más sufridas y dos consonantes separadas por muchas letras en el abecedario. Cuatro letras para una palabra que contiene todo un mundo que puede resumirse en otras tres palabras: barbarie, humillación, terror. Cuatro letras que como el primero de los párrafos de una buena novela -siguiendo al inmortal Gabo- deben contener la narración entera y vaya si la contienen. Cuatro letras y una palabra para evocar tierras lejanas por la geografía, ciertamente, pero cercanas por nuestra humana-inhumana capacidad de percibir el horror. 
Gaza la de las cuatro letras, Gaza la de los bombardeos y los terribles “efectos colaterales”. Gaza imaginario de una guerra sin fin, parábola continua de ese infierno en el que nos resistimos a creer, pero que anida en nuestras propias entrañas. Gaza la palabra “de moda” que en este largo, enfebrecido y sangriento verano que tenemos en la boca y en la mente. Gaza, la palabra que hemos hecho nuestra a fuerza de leerla y oírla y que sin embargo, tal vez por la fuerza de la costumbre (el mal es banal como dijo Anna Harendt), nos parece cada día mas surreal. No acabamos de creer que quienes sufrieron el martirio del Holocausto, los judíos -palestinos en origen- sean incapaces de convivir en paz con otros palestinos que nunca les persiguieron, y cuyo crimen es haber nacido y vivido durante generaciones en la misma tierra originaria…
El rojo de la sangre de Gaza, el de Palestina entera, es el mismo rojo que tiñe el inacabable conflicto de Siria y el de Afganistán, el rebrote de guerra en Irak, la permanente inestabilidad de Irán o la extraña guerra de Ucrania. Siempre el rojo de la sangre derramada por unos u otros, y donde, siempre, la gente que más sufre, peor come y soporta la miseria son los niños y las mujeres; los ancianos, enfermos y tullidos. Pero todo no es miseria, vergüenza, humillación. Hace poco veíamos fotos de una mujeres israelíes que llevaron a mujeres y niños de Gaza a bañarse junto con ellas al mar. Caras de felicidad y gozo supremo, sorpresa, risas y lágrimas..
¿Hasta cuando pues Gaza y Palestina? ¿Qué huerto quieres, Señor, abonar con nuestra podredumbre? se preguntaba Dámaso Alonso, el poeta de la generación del 27 en 1944, ante la miserable postración de su patria. Es la misma pregunta que nos hacemos ante la insoportable tragedia de Gaza.
José Antonio Vidal Castaño

JOSE ANTONIO VIDAL CASTAÑO RELATA EL ‘ASALTO AL TREN PAGADOR’



JOSE ANTONIO VIDAL CASTAÑO RELATA EL ‘ASALTO AL TREN PAGADOR’




El escritor, docente y doctor en Historia, José Antonio Vidal Castaño, sigue y suma en el panorama literario al que se ha dedicado prolijamente los últimos años. El que fuera en su día también, primer director del Colegio Público “Virgen del Carmen” del municipio, allá por los años 70, irrumpe nuevamente en la escena narrativa. Esta vez de la mano de una editorial elianera, MANDOR ediciones, con un título más que sugerente y atractivo para el lector: ‘ASALTO AL TREN PAGADOR’


‘ASALTO AL TREN PAGADOR, “reúne - según reza en su contraportada - doce narraciones más una insólita receta de cocina por epílogo escritas durante los últimos años, en las que el autor vuelca imaginación y conocimiento del oficio, nervio y sensibilidad con un sello y estilos propios, a través de una acción de los maquis en una aislada estación de ferrocarril”. “La narración – leemos – mezcla realidad y ficción de tal modo que no sabemos dónde empieza una y acaba otra. Ante nuestros ojos desfila una nutrida galería de personajes arrancados a la realidad que recorren escenarios de guerra con sus secuelas de muerte, cárcel y exilio. Aparecen espías y asesinos, instantes de humanidad e inhumanidad, e incluso un estrafalario periodista que se convierte en narrador de sus vivencias...”
La presentación de ‘ASALTO AL TREN GANADOR’ tendrá lugar en el salón de arcos del Centro Sociocultural de l’Eliana, este viernes 29 de mayo, a partir de las 19.30 h. La velada literaria a la que están invitada toda la ciudadanía, contará con la participación de Lluís Andrés, director de la editorial Mandor, el alcalde electo, Salva Torrente, Josep Lluís Teodoro Peris, doctor en Filología, que hará de presentador, además por supuesto del propio autor, José Antonio Vidal Castaño.
Vivaleliana! ha tenido la oportunidad de conversar con José Antonio Vidal Castaño, acerca de ‘ASALTO AL TREN PAGADOR’, tras la presentación oficial que tuvo lugar a primeros de mayo de en la ‘Fira del Llibre de Vàlencia”. Esto es lo que nos ha contado el escritor sobre su última obra:
¿Cómo y a partir de qué surge este libro?
La literatura viene a ser como un feliz encuentro, o desencuentro, entre lo irreal y lo real, entre la imaginación y la voluntad… Es una antología de cuentos, doce, más una receta de cocina, redactada o dictada por el Generalísimo Franco y encontrada en los archivos del Valle de Los Caídos, o eso dicen las crónicas….
R.- No podría señalar una fecha concreta ni determinar un motivo particular. La literatura viene a ser como un feliz encuentro, o desencuentro, entre lo irreal y lo real, entre la imaginación y la voluntad… Es una antología de cuentos, doce, más una receta de cocina, redactada o dictada por el Generalísimo Franco y encontrada en los archivos del Valle de Los Caídos, o eso dicen las crónicas… Relatos soñados en momentos y circunstancias diversas; unas veces surgidos de la investigación, “basados en hechos reales”; otras producto de ensoñaciones, a veces delirantes, que se convierten en materia narrativa…
12 narraciones en este “Asalto al tren pagador” creadas por un historiador (doctor en historia) y también, por lo que vemos, escritor de ficciones. ¿No es así?
R.- Si. Tengo dos grandes amores: la historia y la literatura. No sabría en que orden ponerlos. Creo que en ocasiones la ficción (que no es lo mismo que la mentira) puede contribuir tanto o más que la propia historia a la búsqueda de lo que llamamos verdad. Los historiadores debemos sin duda leer ficciones: novelas y cuentos, poemas, etc. Esto ya se ha dicho por expertos. En mi caso es una necesidad convertirme en carne de literatura para contar esas historias de la historia; me gusta penetrar bajo la piel de los personajes, aproximarme a sus circunstancias…
¿Unas narraciones sin un aparente hilo conductor?
R.- ¿Hilo conductor? Bueno, más que eso, hay un contexto que envuelve, más bien en el que están enredadas todas estas historias y ese contexto es la guerra y la posguerra. Lógicamente la sempiterna guerra de España, la civil, ese “pasado que no pasa”, pero en el fondo todas las guerras con su carga de violencia y horror pero también con sus momentos de ternura, de ironía, de sexo, de misterio, de humanidad e inhumanidad… Aunque estén ambientadas en lugares tan diversos como París, Teruel, Bangkok, el “Oeste americano” o la propia Valencia, cada narración entronca con las demás, las penetra como haría un tren (en este caso “pagador”) al atravesar un túnel.

Llama la atención las citas (en cada narración) o las dedicatorias que pones…¿buscadas exprofeso para afianzar el escrito o simplemente inspiradoras del mismo?
R.- En cuanto a las citas, estás en lo cierto, han sido buscadas para complementar o “afianzar” cada relato. Es una costumbre que me acompaña en mis escritos. A veces actúan como refuerzo y otras como acicate, reclamo o llamada a la lectura. Hay una cita de Marguerite Yourcenar que ya llamó la atención cuando se presento la editorial Mandor en la Fira del Llibre de València y que transcribo porque también da sentido al conjunto de este libro: “El pasado, por poco que uno piense, es algo infinitamente más estable que el presente por lo que es de una consecuencia mucho mayor”. En cualquier caso siempre, estas citas, están puestas con intención. En cuanto a las dedicatorias son guiños amistosos, pequeños agradecimientos a algunas personas que han contribuido a hacer posible o inspirar alguna de estas historias. Los dibujos son míos y responden a momentos en los que descansaba de la escritura, jugando un poco con los personajes, y las fotos son reales, aunque, claro, René Magritte, diría que no.
¿Hay alguna narración, entre estas, especialmente importante para ti, como escritor, como historiador o como persona? 
Estoy finalizando un libro de divulgación histórica, El maquis en España (1937-1963) que pondrá al alcance de los no especialistas este tema tan apasionante, que te aseguro no carece de momentos líricos, ni emocionales.
R.- Estos cuentos giran en torno a tres ejes: el relato-crónica, el relato-ficción y el relato-intimista. Aunque los tres ejes están interrelacionados y participen de las tres modalidades, me quedaría con los intimistas. Pero no diré cuales son, eso debe descubrirlo el lector. Lo de intimista, por supuesto, no está relacionado para nada con lo autobiográfico. Suele ser una idea recurrente que combato. La literatura, el estilo, la propia escritura lo trastoca todo, y al final como dijo Anton P. Chéjov, tal vez el mejor cuentista de todos los tiempos: “Luego, todo se tornó confuso y desapareció”. Si me hubieras preguntado por la dificultad te diría que hay una historia de espías y otra amor desbocado que me llevaron más tiempo que las demás.
Observamos y destacamos la belleza del lenguaje usado, al mismo tiempo emocional y lírico… ¿Cuánto del propio autor se refleja en estos relatos, bien distintos nos recuerdan a los escritos que nos tiene acostumbrados?
R.- Pienso que hay una unidad de estilo que se mantiene, tanto cuando escribo historia como cuando abordo la ficción. Estoy finalizando un libro de divulgación histórica, El maquis en España (1937-1963) que pondrá al alcance de los no especialistas este tema tan apasionante, que te aseguro no carece de momentos líricos, ni emocionales. Por el contrario la novela que tengo ya iniciada, aunque sin título, que será mi próxima aventura literaria, si Gabo o Walt Whitman ¾por citar a dos dioses literarios¾ y mi ciclo vital lo permiten, no carecerá de rigor histórico cuando la maraña de los sentimientos y emociones que la forman, atraviese el túnel del tiempo de la historia.