La ilustración de fondo

La ilustración de fondo
La Plaça de la Creu en Benimàmet es uno de los espacios más entrañables de este lugar cercano a Valencia. El artista valenciano Paco Roca ilustra, dibuja, recrea, en esta bella postal, ese espacio a "la antigua".

sábado, 21 de septiembre de 2019

Mientras me despido (4)


Mientras me despido (4)

TARJETAS DE VISITA?

Hace unos días, convulso aún por "la caló" y la inapetencia me puse a limpiar los cajones y gavetas de mi escritorio NO virtual y encontré restos de vidas pasadas, de ilusiones truncadas, de pasiones que pudieron ser o de fuegos apagados; de impotencias; de instantes fugaces y promesas ilusionantes...

Tarjetas con direcciones, teléfonos e incluso palabras escritas que están pero que nunca llegaron a ser. Constaté la diferencia sutil pero real entre el ser y el estar. No, no es lo mismo traducir el "Ser o no ser" que propone Hamlet, por el "Existir o no existir"...

Posé mi vista lánguida y cansada sobre cartulinas y tarjetas de visita que fueron mensajeras de otras vidas hoy rotas o de relaciones truncadas. Las fui releyendo y rompiendo una a una, consciente de la futilidad de mi gesto. Me costaba despedirme de ciertos nombres que en algunos momentos habían existido y cuyas vidas habían estado breve o largamente en confluencia con la mía.

Es triste porque el acto de romper en trocitos esas cartulinas impresas comportaba cierto dolor, en algunos casos considerable. Citaré dos ejemplos. Casi lloré al rasgar el nombre impreso de quién fue don Julio Aróstegui, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y no pude evitar recordar los momentos felices e intensos de conversación sobre la historia y su significado; del papel de la llamada memoria histórica y de la fragilidad del concepto ante las complicaciones inherentes a su uso; de cuando me acompañó en Madrid en la presentación de mi "Sargento Fabra", de cuando escribí su necrológica... Idéntica emoción que la experimentada ante el nombre de Enrique Cerdán Tato, exquisito escritor, político ocasional y homre de acción alicantino que pasó una noche en casa para ayudarme a presentar al día siguiente la primera versión de mi ensayo sobre el campo de prisioneros de Septfonds en el sudoeste de Francia.

En fin. Muere todo excepto el recuerdo. Romper, rasgar, trocear para eliminar, limpiar, hacer desaparecer. Nos convertimos en asesinos y torturadores del vestigio y de la huella, mientras por otro lado vivimos el duelo por las pérdidas... ¡Te llamaré! ¡Nos vemos! ¡Amigos para siempre! son algunas de las frases que escribimos... sin saber lo que pasará mañana, porque solo el hoy y el ahora es el persiste y nos abruma.
13-9-19



Mientras me despido (3)



MIENTRAS ME DESPIDO (3)

Si me quieres escribir… (popular)

… cualquier error —imposible de evitar, por lo demás— bastará para bloquearlo todo, y tendré que volver atrás…
(Franz Kafka)


Las despedidas no tienen por qué ser necesariamente amargas o ácidas. Pueden ser ambas cosas o todo lo contrario. Difíciles, en todo caso de adjetivar y de vivir-las sin cierta tensión. Tienen su significado más allá de los ecos o comentarios que despierten. 

Por lo visto en mi post anterior (segunda entrega de la despedida de un personaje llamado José Antonio Vidal Castaño) ha alarmado a más de un amigo que por diversos medios se han comunicado conmigo estos días, preocupados por mi estado de salud. Agradezco infinito estas muestras de preocupación. Hay cariño y amistad sincera en ellas. También hay una cierta crítica (entiendo) a lo confesional del mensaje, que asumo y respeto pero que no puedo compartir ¿Es moralmente reprobable hacer público un determinado estado personal, un quejido, una disidencia contra la impotencia motivada, entre otros ingredientes, por el humano afán de controlar las apariencias?

Las apariencias importan aunque finjamos, casi todo el tiempo que permanecemos en el escenario del gran teatro del mundo, que ello no nos importa. Cierto es que a unos importa más que a otros y que hay gente, entre la que no me cuento, que vive obsesionada por ellas, las dichosas y polémicas apariencias. ¿Polémicas? Somos nosotros (genérico) quienes las convertimos en polémicas y transversales (palabra profunda manoseada por la usual tergiversación mediática que padece). Mi arrebato, si lo fue, ha sido excepcional y la excepción, por lo visto, conmueve más allá del contenido o de la causa de la misma. “El medio es el mensaje e incluso el masaje” advirtió ya M. Mcluhan hace décadas. Me pareció tendencioso, entonces. Hoy...

Como autor de aquellas y estas líneas no sobreabundaré, no suelo hacerlo, en lo que está dicho, aunque trate de explicar a ese extraño sujeto que me domina. No deseo imitar a los profesores en el ejercicio de su docencia y a los actores o gentes de la farándula en general, que les está permitido repetirse para inculcar determinadas nociones a sus alumnos, admiradores, seguidores o detractores.
¿Lo dejamos en un arrebato lírico-pedagógico?. ¡Uf! Que bien estaría ser admitido como poeta. Pero, claro JAVC (para abreviar) se limita a encadenar palabras y poco más. Prosa vil, para ilustrar un estado, que para dicho sujeto era (me lo ha confesado en presencia de don Quijote y Sancho) no solo corporal sino intensamente psíquico; estado de ánimo, como quieran llamarle… ¿Por qué no espiritual? Y eso, JAVC (a quién comienzo a repudiar) afirma que eso, lo que sea, puede hacerse en voz alta, por escrito, en prosa, en prosa poética, en verso, en… ¿Donde quedó el “Prohibido, prohibir”?
¿Qué es? ¿Qué son aquestos quejíos, desgarros, y arrebatos; furia, excremento, chispa (iskra), rescoldo, trallazo, polvo de estrellas o de ciénaga convertido en fango…? Oseas, amigo, ¿Me escuchas?
¿Qué son si no, la poesía, la escritura y la literatura en general (queda bien pero no sabemos si el general es de tres estrellas o de cuatro); y tantas más cosas…


Tenemos pues, un sujeto, dolido en plena canícula por el tórrido rayo del julio-agosto 2019, llamado José Antonio Vidal Castaño que ha tratado de exponer lo que sentía acerca de lo que veía en una tarde de playa; lo que ve y no ve, pero que no por ello deja de ser o de existir, de aquello que ojos y mi mente creen evidente (¿existen realmente las evidencias o las fabricamos?) y de lo que bulle en el fondo más o menos oculto del escenario… ¿Y más allá? ¿Y a los lados? ¿Y en la denostada y desaparecida concha del apuntador? Tenemos las respuestas ponderadas al estado del sujeto y los efectos que impensadamente causan. Decenas de mariposas paseándose por el sistema nervioso de este entrometido JAVC.

No ceo que las disculpas sirvan para mucho. La despedida sigue hasta el cierre definitivo. ¿El largo adiós o El sueño eterno?, títulos que que nos propone Chandler desde el averno de lo cotidiano al borde de la calle y del dialogo. La despedida puede ser eterna. JAVC mueve los dedos para componer un texto más —el que están leyendo— y añadir una foto. ¡Ah las fotos! Son ahora y desde siempre, bajo uno u otro imperio visual la clave, la justificación, la amenaza, el pretexto, la añagaza y no sé cuantas cosas más… En realidad el texto importa poco, ¿no? ¿Para qué ocuparse de las palabras? El lenguaje nos traiciona; las palabras nos pierden; usadas de determinadas maneras pueden servir de manto o sudario a todo radicalismo que quiera fabricar el hombre nuevo o borrar del mapa a determinadas razas, de evitar desembarcos de seres inferiores, de eliminar la tentación de verdad de la política. Mirar, ver, observar, saciar la lascivia de nuestras órbitas a través de ese complicado mecanismo del ojo es lo que importa. Si, saciar a ese voyeur que a todos nos tiraniza. Luego se comete el acto impuro que la imagen aclara e incluso glorifica. En fin…
Pues bien la foto que tanto llamó la atención de mis lectores (¿?) no pretendía ser más que una ilustración al texto, un adorno que además —como todas o casi todas las imágenes— traiciona y conculca la verdad. La foto está tomada, si, en la valenciana playa de la Malvarrosa, pero hace dos años, como esa otra que ahora atrae vuestra atención. Hoy me costaría un esfuerzo supremo llegar allí a la orilla de las aguas, del ansiado por mi, mar de la palabra y de la calma…


En mis alusiones por alcanzar la paz perpetua, vanas, además de kantianas y por ende pasadas de moda, en tiempos de deconstrucción, catástrofes glaciares, pastelerías para mascotas (conozco un gato que en días festivos se merienda una genérica tarta de Santiago), organizaciones políticas que son también humanitarias o su contrario y mensajeros convertidos en mensajes como anuncia en su inquietante "La muerte de Jesús," J. M. Coetzee, etcétera, etcétera. Nada, en suma, habrá crecido tanto como mis ansias de compartir todas estas locuras con don Quijote, doctor Honoris Causa y profesor Emérito en locuras, razones y sueños, por la Universidad Clavileña del Toboso, que como saben es una extensión manchega de la Sefarad International University.
Por cierto, recomiendo leer la tesis de don Alonso Quijano (el que me acompaña, claro) que, aunque ya olvidada, no es por ello menos enjundiosa. Filosofía, Ética y Estética de la Caballería Andante, desde una perspectiva comparada e irónico-mayéutica de las cosas humanas. Ahí es nada. Dan ganas de desandar los caminos y las rutas cervantinas, con el texto siempre en astillero y las sabias aunque no doctas, ni falta que hace, del sagaz escudero Sancho Panza. A Sancho, por cierto, habría que buscarlo en su nueva Ínsula de la que se ha posesionado y de donde no sale y que no es otra que el Hotel Las Arenas, sito en esta casi virtual playa levantina…
21-8-19



 Meditando en la Malvarrosa (verano 2016)

El mensajero es el mensaje


Leamos a J. M. Coetzee.

Mi reseña del día 14 de septiembre en POSDATA, el cultural del diario Levante se acerca a “La muerte de Jesus” la última novela de la saga dedicada al personaje (no histórico, al parecer) de Jesús.
¿Fue este (David en la novela) EL MENSAJERO esperado? ¿cuál era su mensaje?



Padura se confiesa


PADURA SE CONFIESA

Es el título que he puesto a mi reseña del día 20 de julio, en la POSDATA cultural del diario Levante.

Una vez más agradezco a mis lectores sus opiniones y sugerencias a la vez que recuerdo que para mi las reseñas, al menos las mías, intentan ser una incitación a la lectura y no una crítica al uso ni una recomendación sugerida por nadie.

Padura en este inmenso libro se nos abre en confidencias y nos explica también sus opiniones sobre opiniones acerca de una novela. Para él, lo más importante para un autor es saber o preguntarse para que escribe algo tan indefinible como es una novela.


martes, 20 de agosto de 2019

Mientras me despido

MIENTRAS ME DESPIDO (2),

contemplo la vida y la foto de Pilar me revela que la vida no está solo en lo que veo a través de mis ojos, sino en lo que queda a mis espaldas.

Y lo que queda a mis espaldas abre varias vidas, varias incógnitas, centenares de posibilidades de alegrías y amarguras, de rigores estivales e invernales, de abismos de relación entre personas, animales y cosas. Y es mucho muchísimo lo que queda fuera del campo que viene a ser el encuadre fotográfico. El hombre pues el que se acoda en el canto o en el filo de una mesita de playa no sabe casi nada o muy poco de la vida que clama y se manifiesta, a su pesar, a sus espaldas. La pasión humana por el control deviene por imposible y absurda en inhumana. Pero apenas lo percibimos si no pensamos sobre esa imagen de nosotros mismos. Lo siento por qué ese hombre soy yo, un tal José Antonio Vidal Castaño.

El sujeto en cuestión, yo mismo, se debate entre el ensimismamiento, el desencanto, la pereza (estamos en el verano más tórrido que ha conocido, el del año de 2019 y la incertidumbre. Ese hombre (nadie tiene el género definido del todo), es decir, JAVC ya no se pregunta si es o fue un tonto útil o inútil. Lo fue, lo sería y lo seguirá siendo según quién y para que lo examine en función de sus (los ajenos, aunque pueden ser coincidentes) intereses más o menos inmediatos.
Es pues una pregunta bastante inútil y una muestra -leve desde luego- de cierta incapacidad para admitir que todos nacemos iguales (¿En serio?)


La pregunta real, la que se hace JCVC (para abreviar), la que me hago, es, ¿estaré aquí el año próximo o dentro de unos meses? Les recuerdo si han leído mi post anterior que actualmente estoy sin piernas. Pero no quiero desanimarme y para ello escucho a don Quijote que me acompaña (incluso aquí en la Malvarrosa donde aún resulta más surreal su Triste Figura, ese yelmo de Mambrino o la lanza, siempre en “astillero” que apunta a un cielo cada vez más sofocante.

De pronto, don Quijote se ha puesto en pie agitando ambas manos. En una luce la citada lanza y en la otra su “tinto de verano” que cuando penetra en su gaznate incrementa su capacidad imaginativa. Increpa a bañistas, camareros y demás personal que inunda paseos, playas y espacios vecinos:
“Non fuyades cobardes y viles criaturas” que un solo caballero es el que os acomete. Me mira para asegurarse si esta solo en lo de la caballería. Toda mi jeta le informa de su soledad y el de La Mancha parece desalentarse y se abandona al tinto, mientras Sancho queda perturbado por el deambular de los bikinis que enfundan los cuerpos en flor de mujeres que solo había visto en sueños y de fornidos muchachos que le hacen preguntarse sobre sus verdaderas apetencias sexuales.

¡Oh! Fascinación de las playas. Las titileantes imágenes hacen olvidar a mis invitados el intenso hedor de los emisarios submarinos al tiempo que enturbian la vista para no ver los microplásticos que inundan las arenas.

Me lleva, a mi, a JAVC, más de media hora y tres tintos de verano más, el explicar lo que es un emisario submarino, los microplásticos y sobre todo los bikinis, artilugio que despierta su más viva atención y un irrefrenable deseo, en ellos que tienen piernas, de abandonarlo todo y embarcarse en aquella nueva y sin igual aventura valenciana.

Ese sujeto que soy, que es JAVC, que bien pudo ser o sea, tal vez, Oseas, mira ese espacio infinito en su finitud que tiene delante con infinitas ganas de refugiarse en el NO SER…

12-8-19

sábado, 10 de agosto de 2019

Mientras me despido (1)


Despedida

Si me quieres escribir
ya sabes mi paradero


Y Él, Oseas, decidió apartarse, por un tiempo.
¿O sería por todo el tiempo?

Julio,
Este verano de 2019 estaba siendo para él, Oseas, infinitamente más tempestuoso que fuera El largo y cálido verano de 1958 para Paul Neumann y sus compañeros de elenco en aquella soberbia película de Martín Ritt, tan ajustada a trágicos y calientes relatos sureños, imaginados a golpe de pluma por un William Faulkner en feraz vena productiva.
            Él, Oseas, también he sido expulsado de sus vecindarios posibles. Ya no sabía si porque aún se recordaba su vieja y soterrada rebeldía ante lo partidista, lo doctrinario o, por el contrario, era por su acrisolado conformismo, no excluyente —faltaría más— de un desplante o un mal gesto. Tanto da.
            El caso es que él, Oseas, había decidido, llegadas estas fechas y en su frustrante estado actual optar por el silencio y evitar así tentaciones o nuevas ocasiones…
            Es Oseas, él, quién recuerda y acaba recitando, cerrando por un momento los ojos en señal de recogimiento, lo que ya hace más de quinientos años enunciara en verso Jorge Manrique para dar contenido a un subtítulo que dice Fin,
Conmigo solo contiendo
En una fuerte contienda,
         Y no hallo quién me entienda,
       Ni yo tampoco me entiendo;
      Entiendo y sé lo que quiero,
          Más no entiendo lo que quiera
             Quien quiere siempre que muera
      Sin querer creer que muero.

Agosto,
ÉL, Oseas, ya sin piernas, carece, por ende, de caballo y de montura. No pude salvar siquiera una de sus herrumbrosas lanzas con las que se defendía. Pero el mal nunca es absoluto. Samuel, él, se dice: me acompañan don Quijote y Clavileño con quienes me he lanzado a la conquista de espacios infinitos. El caballero de la Triste Figura me anuncia la persistencia de la rabia y de la idea machadianas, tras rasgar el certificado que atestigua mi ruina literaria. Una ruina —afirma el desfacedor de entuertos— “gloriosa e imperecedera pues, es, la evidencia”, me recalca, “de la desigual batalla que libraré, muy pronto, contra escritorzuelos y rufianes de toda laya, sediciosos y malandrines que cohabitan en contubernio con las letras…”
            Su voz resuena en el Valle de la Insatisfacción como un poderoso eco que se va apagando… “Si, repite don Quijote con hidalguía (¿qué significa esto?) lucharé con denuedo contra  quienes se autoproclaman paladines de la contracultura y poco más abajo se reconocen seductores instagramers e influencers; también contra los moderados y burgueses al viejo estilo…”  
            “¡No podrán, no!”, truena con voz cascada don Quijote. Dice algo sobre imponer su voluntad y sobre el amplio recorrido de la escritura de él, de Oseas. Sancho Panza duerme ya hace tiempo sobre unos jergones apilados junto a un silo. Don Quijote se ha quedado traspuesto sobre Clavileño que ha detenido su viaje en la séptima constelación a la altura de una enorme piedra que es en realidad, vista desde la tierra, una enorme estrella plagada de pistolas que disparan sin cesar sobre el tricornio acharolado de la noche de los tiempos

            En esto don Quijote se dirige a él, Oseas, para decirle que abandone el sueño y se avenga a la palabra. El de los molinos de viento siente la necesidad de recogerse para orar y le ruega a él, a Oseas, que componga, sin más dilación, una despedida en verso o algo similar. Él, Oseas, así lo hace. Lo que viene, traduce la ocurrencia en un poema muy malo:
Roto, sucio, desmañado,
Brinco por barrancos soñando prostitutas perdidas
Sin palabras de apoyo; sin gota de consuelo.
Ruge el verano fiero. Oseas
no anda ni hace su camino, no vuela ni en sueños;
Vive sin vivir la ¿transubstanciación? con dolor… Y por eso nos deja:   
Hasta ahora, hasta luego;
Hasta siempre o, hasta nunca.
                                                   Y el  asta no es de toro. Y el que avisa no es traidor.
8-8-19
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jueves, 11 de julio de 2019

Franz y Freud en la Viena de 1937

Franz y Freud en la Viena de 1937

Entre 1934 y 1938 buena parte de los habitantes de Viena y de toda Austria, vivieron bajo presión política y en casi constante sobresalto, motivado por atentados terroristas perpetrados por nacionalsocialistas austriacos decididos a acelerar la anexión de su país por la Alemania de Hitler. En estos años se contabilizaron, a manos de los terroristas nazis, 800 muertes amén de innumerables violencias contra personas y propiedades, comercios y otros establecimientos regentados por judíos o por quienes tenían trato con ellos o se negaban a aceptar que la violencia fascista fuera el eje de sus vidas.

Este es el clima social que trata de captar y lo hace, la película “El vendedor de tabaco” (Der Trafikant, 2018) dirigida por N. Leytner y con sólido guión de K. Ritcher basado en la novela homónima del escritor alemán Robert Seethaler, sobre quienes conozco pocos más datos.

Franz (Simón Morzé) a sus 17 años se educa en la libertad e ingenuidad de la naturaleza, en un pueblo de las montañas. Bucea en un cercano lago y sueña con tesoros escondidos, protegido por su joven madre. Al quedar esta desprotegida por la muerte de su amante, decide enviar a su hijo a Viena para que emprenda el camino de la vida como aprendiz de un “vendedor de tabaco” (aquí diríamos estanquero). El pequeño y modesto, casi miserable comercio de herr Trsnjek, será no solo su lugar de trabajo sino también su única morada acompañado de cerca en la trastienda por una solitaria araña que sube y baja del techo o se pasea por sus libros y pertenencias tejiendo y destejiendo la maraña de su tela. Estamos en la Viena pre-Anchluss de 1937, mientras que en España se libraba la más cruenta Guerra Civil. En algún momento, llegamos a pensar que la araña, cada vez más grande, es la metáfora del avance inexorable del nazismo…

El señor T, que perdió una pierna en la Guerra de 1914, ha pasado por todo y simpatiza con los antifascistas a quienes, desde su modestia, acoge y apoya.
 

También dispone de clientes judíos y uno bien ilustre, aficionado a fumar exquisitos habanos. Un día Franz conoce al ilustre cliente, un señor muy mayor y de mediana estatura y buen porte, con barba y pelo blancos, médico famoso de “los que ponen en orden la cabeza”, el doctor Sigmund Freud (Bruno Ganz). Franz, cree encontrar en él a su mentor y le promete leer todos sus libros. El analista le asegura que le será más útil encontrar a una chica y aprovechar todo lo que Viena pueda ofrecerle.

Mientras Freud, discreto y poco locuaz aparece y desaparece, Franz encuentra a Anezka (Emma Dogunova) una chica que debe prostituirse para sobrevivir. La pierde y la reencuentra (por consejo de ‘su amigo’ el doctor, quién pide a sus pacientes tumbarse en un diván para contarle sus secretos íntimos) pero el destino se muestra cruel. La chica está ahora bajo la protección de un pequeño rufián quien se lucra con sus ganancias como striper. Chulo que a su vez será asesinado y sustituido por un oficial nazi.

El doctor recluido en su casa y con vigilancia de la Gestapo no tardará en viajar a Londres, lejos del cataclismo socio-político que se avecina. El estanquero T., no tardará en ser extorsionado, detenido y finalmente asesinado por ddefender a un amigo comunista. Franz, cerrará la tienda y volverá con su madre, pero ya nada será igual en Austria, ni en Alemania, ni en Europa y el mundo.

Esta vez (pido disculpas) me ha parecido interesante avanzarles el spoiler de esta cinta que recomiendo ver pese a la desigual acogida por parte de críticos y columnistas. Ni Bruno Ganz está fantástico en su actuación, como se dice por ahí, ni el doctor Freud es una presencia imprescindible para el desarrollo de este drama, aunque no dejan de ser un atrayente adorno. Franz y su estanquero el señor T., con sus clientes y amigos, Franz y su novia perdida en miserables burdeles o en cafetines suburbiales de una Viena helada; Franz y su mundo interior con sus soliloquios más kafkianos -insisto- que freudianos, son, entre otras pequeñas virtudes, más que suficientes para disfrutar moderadamente de hora y media de cine. Vayan a verla y hablamos...