martes, 2 de mayo de 2017

STEFAN ZWEIG Y LA TRAGEDIA


Stefan Zweig fue el escritor más famoso y admirado de su tiempo. Admiración y fama sobradamente merecidas y de las que tan solo disfrutó en pequeñas dosis. Milito, desde hace años, en la legión de adoradores de su escritura, de la versatilidad de sus emociones, de la sutileza de sus tragedias interiores... 

Me conmovió y me conmueve todavía su suicidio en la brasileña Petrópolis en febrero de 1942 -justo un año despúes de mi propio nacimiento-, rodeado de la más intensa y esplendorosa naturaleza; una exhuberancia que el escritor que fumaba puros y amaba a las mujeres tanto había deseado conocer y disfrutar. Me acongojan esas imagenes yaciendo vestido y encorbatado, junto a la que fuera su secretaria y segunda esposa Lotte Altman, tocada con un ligero camisón. Un acto, el de su suicidio, voluntario y probablemente bien planificado.  Un suicidio que dio la vuelta al mundo y generó una catarata de suposiciones sobre el modo, la manera, la circunstancia... Sobre si se manipuló o no el escenario por la autoridades brasileñas del momento; sobre si la carta que dejó para ser leída en publico estaba o no completa, sobre si...

Hace una semana vi la pelicula que ha realizado la cineasta alemana Maria Schrader sobre las últimas andanzas del celebérrimo escritor vienés en el nuevo mundo, en esa América que para el fue Argentina, Nueva York... y sobre todo el Brasil. Lo cierto es que el tema de su periplo americano y de su trágica desaparición están tratados con delicadeza, tal vez con excesiva delicadeza, tanta que, la cinta no está, en mi humilde opinión, a la altura del personaje. 

Me entusiasmó, eso sí, la formidable interpretación de Josep Hader. El actor logra meterse de lleno en la piel del permanente fugitivo europeo que fue Zweig.Y esto, pienso, es lo mejor de una pelicula de impecable factura técnica y de 'tempo lento', de imperceptibles pero logrados toques de humor... Stefan Zweig, adios a Europa, no carece de virtudes fílmicas, aunque el devenir de los personajes, en muchos pasajes, se someta a un tratamiento impersonal, tal vez demasiado frio para mi gusto; dotado, de un excesivo respeto por la 'razon pura'.

Stefan Zweig aceptó en 1936 la invitación para participar en un congreso internacional de escritores organizado por el PEN Club de Buenos Aires, recalando, además en Río de Janeiro por expresa invitación del gobierno de Getulio Vargas.Viajaría también a Nueva York con toda su carga de expatriado perseguido por los nazis, para defender la necesidad de asilo de otros compatriotas y asegurarse de la buena acogida dispensada a su primera mujer. 

Pero Zweig, declinó vivir en los Estados Unidos y prefirió viajar de nuevo hasta Brasil. País de futuro, y terminar allí sus días. Y de este encuentro surgió un libro potente y maravilloso, que no pasará de moda y que seguramente nos acompañará, como el resto de su obra, durante larguísimo tiempo.

Enemigo de las manifestaciones exteriores y los golpes de efecto durante los delicados momentos que vivía el mundo, sometida media Europa a los ejércitos del III Reich alemán; Zweig procuró llevar con discreción su estancia en el continente americano, pero su enorme popularidad le impidió pasar desapercibido.






















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