martes, 21 de febrero de 2017

MANUEL D. BENAVIDES y “EL CRIMEN DE EUROPA”

Eran otros tiempos y otros periodistas. Eran los tiempos de la Segunda República española, en los que una bocanada de aire fresco vino a remover (más que a descorrer o a desgarrar) la espesa cortina de prohibiciones y oscurantismo secular que ocultaba y estrechaba el horizonte vital de su tiempo. Los hay quienes dijeron que esta corriente creó turbulencias que la perjudicaron. Más que sostener esto o lo contrario, afirmo que, de haberse mantenido esa bocanada de aire fresco por un tiempo, habría impulsado una corriente de nuevo tipo, generadora de fuerzas sociales tal vez menos dispuestas a solucionar sus pleitos internos a base de tiros y cañonazos, de un baño de sangre humana.

Es posible -más que posible- que mi afirmación anterior peque de ingenua pues la confianza en la bondad humana, es cosa de otro tiempo, una ilusión naif en nuestra sociedad “líquida” de Zigmunt Bauman, y lo será más aún en el angustioso futuro de los algoritmos y el “Dataísmo” enunciado por Yuval Noah Harari. ¡Hum! Lo siento pero no me extenderé sobre este asunto. Dejo ahí la inquietud, la duda necesaria. De momento es harina de otro costal, pero del costal de al lado, del que ya me ocupare –si mi constelación zodiacal me lo permite- en otro momento. De momento vivo el presente y ya es bastante.

Eran los tiempos -decíamos- de buenos periodistas: reporteros y cronistas o, ambas cosas que hablaban y miraban directamente a los ojos de sus interlocutores, investigando y escribiendo acerca de la falsedad o justeza de sus declaraciones, de sus implicaciones en y con lo público. Escribían sin ocultar su ideología, por lo que es razonable apuntar en su “debe” el tono panfletario de parte de sus escritos. Maestros indiscutibles de aquel género y de la narrativa que requiere fueron Ramón J. Sender y Manuel Chaves Nogales, entre otros.

Manuel D. Benavides, era un periodista y escritor gallego muy incisivo. Sus libros causaron un impacto que excedió a su época. Levantaron polémica y molestaron a personajes de la derecha. El misterioso banquero Juan March (colaborador directo del general Franco y de la rebelión militar de 1936 contra la Segunda Republica) fue el protagonista oculto de su extensa novela-reportaje “El último pirata del Mediterráneo”, que acaba de reeditar Renacimiento. El libro fue objeto de persecución y prohibiciones, alcanzando un número de ediciones inusual para una época en la que todavía cundía el analfabetismo. Benavides penetraba en ella en el turbio mundo de las finanzas y de los financieros, en sus corruptelas, poniendo en solfa políticos y políticas populistas cuyo paradigma fue Alejandro Lerroux. La prohibición existente continuo vigente durante el franquismo.

No corrió mejor suerte su novela “El crimen de Europa”, que subtitulada como Nuestra Guerra se publicó en Barcelona en 1937, editada por Ramón Sopena. La obra, pese a su calidad literaria -buen pulso narrativo, inventiva y eficaz construcción de personajes, entre otras cualidades- fue silenciada y cayó en el olvido posteriormente; trato que, creo, no merecía. Sus 250 páginas ofrecen además de un buen perfil literario, un evidente interés documental, ya que se trata de una de las narraciones pioneras sobre la sublevación militar encabezada por los generales “traidores” Franco y Mola y de las circunstancias ambientales que rodearon a la misma y al régimen republicano que fue su víctima propiciatoria. La novela es abundante en descripciones y retratos morales de los personajes -españoles y extranjeros- así como de las instituciones, la vida pública y otros muchos menesteres, entre ellos la versión del autor de “como se fraguó el crimen de Europa” que dio la espalda a la “Vieja España”…

Sería muy largo de contar. Mejor sería leerlo, si es que tenemos la suerte de disponer a nuestro alcance de una reedición, debidamente comentada para la que me ofrezco como colaborador voluntario.En el momento de redactar estas líneas tengo ante mi un ejemplar de aquella edición histórica que vivió la guerra, que estuvo en las trincheras y que durmió largo tiempo en la retaguardia republicana. Perteneció -y aquí se inicia un misterio que no he desvelado todavía- a un señor que se firmaba J. Montañana o eso parece. Era un libro “de lance” y formaba parte del legado libresco que dejó mi padre al morir. El ejemplar fue comprado en una de la librerías Faus, sitas (según una sugerente etiqueta con orla roja y libros azules) en las calles de la ciudad de València: Ángeles 12 o, Moro Zeit, 10. Su precio era de siete (7) pesetas y está en buen estado, pese a sus juveniles 80 años.

José Antonio Vidal Castaño (2017-02-20)




















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