sábado, 12 de marzo de 2016

CHIRBES y "EL MAL FRANCÉS"



Hace tiempo que no frecuento la FNAC. Hacía allí -durante un tiempo- tertulia con amigos. Lugar céntrico, cafetería y libros. Todo empezaba con el ojeo de textos y las más de las veces terminaba con la compra de algún ejemplar. 
El pasado 12 de enero, pasé cerca del establecimiento y sabiendo de la publicación de París-Austelitz de Rafael Chirbes entré y compré un ejemplar. Rasgada la cubierta de celofán descubrí junto al libro un folleto de 20 páginas. Cubiertas de fondo verde, "edición no venal" exclusiva. Un regalo inesperado para lectores de Chirbes.

Busqué, de inmediato, un lugar donde leer en medio de la jungla urbana. Un banco de madera en el jardíncillo anexo a San Agustín permanecía vacio. Lucía ese sol de invierno que tan bien evocara Machado, y allí, dejé caer mis posaderas para derramarme en el consumo del pequeño tesoro. Título del folleto "El mal francés". Contenido, dos textos, breves. El primero: París-La Bastilla. Geografía de la frontera. Delicioso. Evocación de la vieja fortaleza parisina almacén de presos políticos y luego metáfora literaria y patriotica que llegó a originar un negocio a costa de "ardor republicano". Demolida la fortaleza el barrio anexo, Le Marais poco a poco se convirtio en lugar de moda para "políticos, artistas y homosexuales de alto poder adquisitivo" escribe Chirbes. 
Luego se ocupa del Faubourg Saint-Antoine; nos lleva al Sena y al Louvre; nos transporta de los arcos de Triunfo, a La Défense... nos habla de Rpublique y Natión, lugares escogidos por la izquierda francesa para manifestarse durante años; de las cercanas Ivry, Vitry... de Napoleón; del Victor Hugo de Los Miserables, esa novela "cargada  de republicanismo simbólico"; de La Opera, de la grandeur y del alejamiento de la misma ... ¡Qué sabor de buen conocedor para tan "mal francés"!

Esperaba otra cosa de "París-Saint-Germain. El ejército de las sombras", el segundo texto. Ni rastro de referencias bélicas ni resistenciales. Un complejo retrato del París metamorfoseado por las conmemoraciones del segundo centenario de la Revolución.  La ciudad que "seduce a los turistas con su brillo millonario, ha quedado reducida -asevera Chirbes- a un opulento laberinto de arte y dinero que te lleva embrutecido hasta los confines de la Bastilla."¡Olé! De nuevo la fortaleza extinta como referente  del lado inverso, divergente, neoliberal y amanerado. Bueno, tal vez, es una impresión mía, pero retrata un ente urbano que ha sustituido a "los soldados lívidos de la armada de sombras de la ciudad" por brillos y oropeles.
De nuevo el repaso de los mismos lugares, monumentos y barrios: El Louvre, Le Marais -esta vez de Picasso- y las galerias del Parc Monceau... "y [la ciudad] se te convierte en hastío". Párrafos y frases que pasan de la suave lluvía impresionista al aguacero expresionista. No es el París de antaño: "Uno se encomienda a Dios y siente vértigo ante tanto kilómetro y kilómetro de más o menos arte mirándote (...) viejos grabados, estampas, libros que llevan cuatro o cinco siglos encerrados en piel de vaca, (...) cuadros de las vanguardias de entreguerras de Berlín, o recién traidos de la perestroika rusa."
"Saint-Germanine es un barrio elegante, aunque no siempre las cosas hayan sido exáctamente así. Ni siquiera París ha sido siempre esa ciudad elegante que ella misma se inventa." 
Una descripción, guiada por un testimonio ocasional del París de otros tiempos: cutrez, obrerísmo, pasión por las ideas, por la unión carnal de cuerpos, convivencia con lo maloliente, con el suburbio aldeano con vacas pastando entre miserias... Se ha creado hoy tanta ilusión que empalaga y socava la idea del París eterno, ese que nos quedaba como esperanza y consuelo. 
Con este galimatias, Chirbes se pregunta, ¿qué puede hacerse? y recurre, como no, a la literatura. Se lanza a la busqueda de lugares viejos, casi inexistentes, donde se dice que comía Flaubert o George Sand, Renan, Taine, Goncourt, Saint-Beuve o Tuguéniev; la imprenta donde Marat imprimía sus panfletos, o al lugar donde lo apuñaló Carlota. Y nos habla de grandezas levantadas sobre otras grandezas. Saint-Germaine fue el barrio del 68, pero -en el momento de su visita- solo se representaban obras menores con criticas complacientes... Fantasmas y más fantasmas...

A todo esto caí en la cuenta de que Chirbes nos contempla sonriente desde la portada del folleto. Sonrie, quedamente, sentado en uno de los gaudinianos bancos de trencadís blanco y enrejado negro del Paseo de Gracia en Barcelona. Un lugar donde me he sentado a veces y donde me hice una foto  casi en la misma pose... No sé, tengo que buscarla ¡Ah, si yo escribiera como Chirbes! 

© José Antonio Vidal Castaño, 12 de marzo 2016, día triste.      



 

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