jueves, 12 de noviembre de 2015

--¡Ah, bribón publicador! (Henry James)

Tres ediciones para un texto maravilloso

La primera que leí fue la segunda edición de Tusquests Editores en sus Cuadernos Marginales nº 17. Lucía una portada extraordinaria de Oriol Maspons que ensombrecía la parte izquierda de un anónimo rostro femenino. Ofrecía la intriga de unos espléndidos ojos en forma de e abierta y redondeada, de una nariz apenas insinuada, de unas cejas poco pobladas o excesivamente bien depiladas. Todo ello estampado sobre un papel color oro. ¡Lástima! Porque la letra era bien pequeña y requería esfuerzo su lectura. Databa de febrero de 1982 y la traducción era de José María Aroca.
En la contracubierta unas notas sobre la predilección de James por la short long story. Hay alusiones a la pasión de la búsqueda, a la celosa guarda de los papeles, a los juegos de engaño, a veces complicados, entre los escasos personajes y a la intriga y el misterio de una historia desconcertante envuelta en un paisaje de mansiones y canales venecianos.
Ligeras referencias al autor. Señaladas las dos influencias que le marcaron: Flaubert y Turguénef,aunque hubieron otras...



La segunda es mucho más simple. En la colección Clásicos Universales de la Editorial Losada de Buenos Aires se publicó esta pequeña novela en 1999. Poco o nada que reseñar de sus cubiertas. La típica cabeza de una góndola veneciana sobre un difuso color verdoso. Sin embargo, un escaso pero interesante prólogo de Joan Solé con anotaciones sobre su vida y su obra. La letra continuaba siendo pequeña y la traducción de autoría extranjera, para mi desconocida.
Por último, llegamos a la tercera. Una edición que podría calificarse como principesca en la que la Editorial Navona, en su colección Los Ineludibles, nos sitúa en 2015, con el impecable texto de James traducido por José María Valverde, cedido por Editorial Planeta. La portada es de cartoné y color miel o albero, no se, pero tiene una textura espléndida. El paseo de nuestras manos por su envoltura perdona la ausencia de imágenes. Dentro la letra es clara, nítida, y una cinta de color azul que combina con las guardas nos orienta nos permite detener la lectura a nuestro antojo.

"--¡Ah, bribón publicador!"

Henry James, que solo había logrado un éxito parcial con su Washington Square, alcanzó en este largo relato o novela corta, desde mi punto de vista, las más altas cimas de la narración novelesca. Con tan solo tres personajes centrales: Juliana (examante del poeta Jeffrey Aspern, convertida en una fantástica anciana de 150 años), Tita (envejecida sobrina de la anterior, sexagenaria ella misma, pero aún atractiva por el misterio de su dependencia o poder sobre Juliana) y el narrador en persona, trasunto del propio James, que intentará por todos los medios, ayudado por un desdibujado Cummor, hacerse con unos papeles, "los papeles de Aspern", fallecido muchísimos años atrás, entre los que se supone cartas de amor cruzadas y tal vez comprometidas entre Juliana y Jeffrey.
El narrador se introduce en la historia a través de la señora Press, para convertirse en residente y visitante de las señoras americanas, acompañado de un criado y un gondolero. Otros personajes, sin apenas existencia, serán: el médico, la criadilla de las señoras y el jardinero, del que nunca sabremos su nombre.
Busco, tan solo, incitar a la lectura. Pues bien. Para leer Los papeles de Aspern es necesario entornar los ojos de cuando en cuando, abandonar el libro y viajar con la imaginación; prepararse para el sobresalto y para lo inesperado... La intriga suave, el misterio profundo se ven envueltos en la fragilidad de toda esta brumosa historia que por momentos parece disolverse en la nada. Todo ello envolverá nuestros sentidos hasta reducirnos a una presencia interior envuelta en el misterio como si de uno más de los papeles de Aspern se tratase...

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