viernes, 14 de agosto de 2015

Mis notas sobre "Babas de caracol"



José Antonio Vidal Castaño.

Babas de caracol (Barcelona, Plataforma editorial, 2014), es una novela cuya lectura no decae a lo largo de sus más de trescientas páginas, lo que ya, de por si, es un mérito. Y lo es más para quienes apreciamos las dificultades que entraña escribir sobre problemas íntimos o de índole familiar. Babas de Caracol de María García-Lliberós (Valencia, 1950) nos traslada a ese mundo con historias y personajes superpuestos en torno a un sórdido asunto de familia.

La tragedia se palpa a través de la reconstrucción de la vida de Berta Astomi una mujer que acaba de fallecer, casada, con dos hijos y heredera de una cuantiosa fortuna. Su doliente biografía es investigada y novelada -por expreso encargo de la finada- por Pedro Ribera, un escritor de cierto éxito, que es convocado a la lectura de un insólito testamento.

Berta familiar y socialmente desahuciada, vive, según nos cuenta Ribera, desde el dolor y la impotencia -emociones que García-Lliberós plasma con maestría- su guerra silenciosa y sin esperanzas contra el machismo y la hipocresía. Ribera trasunto de la autora, no se olvida del contexto y nos introduce, con habilidad, en el clima de intriga y crueldad que reina en el seno de esta respetable familia cristiana. Y es que Berta ha cometido un grave pecado al separarse legalmente (al amparo de la ley de divorcio de 1932) de su marido, un advenedizo sin escrúpulos de quién estuvo enamorada. Su muerte, tras una vida de repudio y aislamiento, posibilita cierta reparación por medio de la recuperación de su memoria. Asombra la erudición desplegada para explicar los aspectos jurídicos del legado hereditario. Ribera entrega, dentro del plazo señalado, el libro que reivindicará personal y socialmente a Berta Astomi.          

No es lo mío hacer de crítico literario. Lo que si pretendo es recomendarles la lectura de estas Babas de caracol y hacer, a sus futuros lectores, una sugerencia: no se dejen seducir por Pedro Ribera, por sus dudas y dificultades (las propias de cualquier escritor); quédense con Berta Astomi protagonista de esta agridulce historia. Una mujer poco corriente, quién como la Rebeca de Daphne du Maurier, influye en la mente de los personajes que la aman y la odian, que la mencionan o la silencian.  

    

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