martes, 18 de noviembre de 2014

El Caso Marco

La reciente publicación de la novela El Impostor de Javier Cercas, está dando lugar a numerosas opiniones no tanto sobre ella -que también- sino sobre el personaje que la inspira la narración, a raíz de una interesante entrevista que Guillermo Altares hizo al autor, acompañada de la pertinente crítica de José Carlos Mainer en el suplemento Babelia de El País (15-11-14). Leer estos contenidos me hicieron recordar el articulo de opinión que publiqué en Levante/EMV (verano 2005) titulado "El caso Marco", que incluyo en su versión original unas líneas más abajo. El "caso" se había destapado poco antes por un historiador que descubrió la impostura... Lo leemos en el artículo. ¿Sigo manteniendo hoy lo que dije entonces? De momento estoy leyendo apasionadamente el libro de Cercas...

 

El artículo primitivo

¿Cómo es posible que se pueda engañar a todos durante todo el tiempo? Esta es una de las incógnitas –tal vez la de más envergadura- del fraudulento asunto Enric Marco, el deportado que nunca existió; la víctima fingida del holocausto nazi. Marco parapetado tras su leyenda se había instalado en la más alta consideración de los poderes públicos: desde el Congreso de los Diputados –donde encandiló a políticos y periodistas- hasta la Generalitat de Catalunya que le concedió la Creu de Sant Jordi. La azarosa y atractiva biografía de Marco, plena de inasequible entrega a la causa antifascista, ha resultado ser más falsa que “el alma de Judas”.


Con ocasión de un homenaje a los supervivientes valencianos de Mauthausen el pasado 27 de abril, tuve ocasión de compartir mesa con el falso deportado. Me cautivaron tres aspectos: la lozanía de sus 84 años: Ni rastro de secuelas físicas o psíquicas de un horrendo pasado; una desbordante y carismática personalidad exhibida casi con impudicia; un desparpajo dialéctico capaz de abordar temas complejos. Este no es el lenguaje ni los modales habituales de un veterano resistente –me dije- pero, no era, sin duda, ni el momento ni el lugar adecuado para reflexionar sobre ello. Días más tarde –el 5 de mayo- con motivo de los actos conmemorativos del sesenta aniversario de la liberación del campo de Mauthausen, en Austria, estallaban “el sueño y la mentira” de Marco. Nunca estuvo en el campo de Flossemburg, nunca fue mordido por los perros de las SS, nunca vistió el traje a rayas de los deportados ni fue un número más; no tuvo necesidad de jugarse la vida en una partida de ajedrez como cuenta en su Memoria del infern… El historiador Benito Bermejo descubridor de esta simulación sin precedentes, alertó, meses antes, sobre el engaño a personas e instituciones, incluida la “Amical de Mauthausen y otros campos” que, en opinión de Bermejo, reaccionaron con lentitud. El simulador ofreció aportar pruebas y explicarse. No hizo ni lo uno ni lo otro. Descubierto, su actitud no está exenta de un toque altanero y retador.


Hay que admitirlo: El affaire Marco no tiene justificación política y menos ética. Una biografía prefabricada, la suya, que parece encajar a la perfección en la “estética de masas”, propia del nacionalsocialismo, que tan bien analizara George L. Mosse y que tantos adeptos tuvo en el franquismo. Una trayectoria ejemplar llena de poses, gestos simbólicos, discursos morales, auto sacrificios heroicos… y ello sin detenernos en el misterio de sus actividades entre 1941 y 1945 los años más crudos de la España de Franco y la Alemania de Hitler. Mario Vargas Llosa -genial escritor y ex dirigente político conservador- ha justificado literariamente a Marco como gran fabulador. Su personaje, considera el novelista peruano, es digno de figurar en la borgiana Historia universal de la infamia. Pero, más allá de lo novelesco el asunto no es, en modo alguno, baladí. La causa de la memoria de los “humillados y ofendidos”, empezando por la de los deportados españoles en los campos nazis, ha sufrido un duro golpe. La confianza tenida como un valor seguro en la recuperación de las voces más humildes y silenciadas ha quedado dañada. El trabajo de muchas personas comprometidas en esa justa y necesaria tarea puede verse entorpecido… La ultraderecha europea recibe un inesperado apoyo en su infame negación del holocausto.


La caída de Marco avivará inquietantes preguntas que siguen esperando respuesta satisfactoria: ¿Hasta que punto el olvido del pasado que se derivó de la transición democrática hizo posible un fraude histórico y moral de estas dimensiones? ¿Qué otras sorpresas de esta índole nos deparará el futuro más inmediato? ¿Hasta donde puede llegar la sombra que proyecta sobre el pasado más reciente el franquismo sin Franco? ¿Qué motivó el retraso en el conocimiento de la verdad? ¿Estamos hablando solo de historia y por lo tanto del pasado, o también de actualidad y por lo tanto del presente?
Publicado en Levante/EMV, verano de 2005.

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