domingo, 15 de septiembre de 2013

Tres fechas


11 S. Tres fechas para la historia

El 11 S es, además de una fecha en el calendario, una jornada con triplete histórico. Son tres tragedias, tres derrotas que son recordadas o conmemoradas, según el talante y los objetivos políticos de las elites dirigentes de los territorios donde se produjeron.
El 11S para los estadounidenses, particularmente para los neoyorquinos, es una fecha luctuosa, triste. En pocas horas el más sofisticado sistema de seguridad del mundo, simbolizado por el poderío de las torres gemelas y el edificio del Pentágono, se colapsó, tras los imprevistos ataques de fanáticos terroristas islámicos. Una fecha que más allá de las acciones militares de represalia, es recordado con muestras de dolor.
El 11S fue también el fatídico día que Pinochet y sus tropas, asaltaron el Palacio de la Moneda asesinando la democracia chilena y provocando el suicidio del presidente Allende, que no pudo dominar a los militares rebeldes. La derecha chilena trata de imponer un tono nostálgico al recuerdo, mientras que la izquierda, sigue llamando a la unidad y reivindica la figura de Allende, con cierta temerosa ambigüedad.

El 11S finalmente, es una jornada “nacional” y por ende festiva en Cataluña, desde los tiempos de Jordi Pujol, quién oficializó, por decreto, la conmemoración de la derrota política y militar con las pérdida de “Els Furs” en 1714, en plena guerra de Sucesión española. La derrota de las elites catalanas partidarias de la monarquía austriaca frente la borbónica (centralista por definición), afectó igualmente a las capas populares y los campesinos, que creyeron en sus demagógicas promesas, por aquello de mejorar su triste condición social. Sin embargo, con la llegada de los Borbones los poderosos no tardaron en buscar su acomodo. John Lynch ya advirtió que “la rebelión catalana de 1705 no fue popular en su origen, sino que expresaba los objetivos políticos de la clase dirigente” (La España del siglo XVIII, 2005). Deberíamos meditar sobre estas cuestiones. Tampoco las alianzas y motivos de aquella guerra en Cataluña fueron las que suponen quienes buscan una relación mecánica con la conmemoración de la Diada. El autor citado asegura: “[la guerra] no fue una mera defensa de los fueros sino que estaba dirigida a servir los intereses de la elite comerciante”, deseosa de promover a Barcelona como capital de negocios (…) “metrópoli de comercio colonial” con América; razón también, añado, por la que preferían apoyar a los austriacos, aliados a su vez de la Gran Bretaña. El poderío naval británico era una magnifica protección para sus empresas comerciales.
Ha llovido mucho desde 1714. Cataluña y todo los demás ha cambiado profundamente. Ha habido y hay cortes generacionales. En aquellos tiempos las clases medias apenas existían. Hoy son mayoría en el tejido social catalán y es un hecho innegable que buena parte de sus efectivos humanos formaron parte de la cadena por la independencia. En este caso parece que las elites, en vez de dirigir este proceso, van a remolque del mismo. Tienen, no obstante una grave responsabilidad (tanto las catalanas, como las españolas) en los orígenes y difusión de este sentimiento…  Seguiremos.

Valencia, 13-09-013
            

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