martes, 13 de diciembre de 2016

LAURENT BINET O, LA PETITE REVOLUCIÓN FRANÇAISE



Laurent Binet, el joven novelista que ha revuelto las aguas, un tanto densas, de la actual novelística francesa, nació en París, nació en 1972. La carrera literaria de Binet ha sido meteórica puesto que su primera novela HHhH ha recibido varios galardones y concitado las más diversas críticas sobre cómo y de qué manera concebir la novela en la actualidad, sobre qué es y cómo debe ser una novela histórica; sobre cómo ser al tiempo el personaje principal y meterse en la piel de los demás personajes y sobre cómo mantener el interés de principio a fin sin que este decaiga.

HHhH, siglas de una frase escrita y dicha en alemán: Himmlers Hirn heisst Heydrich, que significa “El cerebro de Himmler se llama Heydrich”, recorre uno de los más apasionantes escenarios de la Segunda Guerra Mundial, tema inagotable que, una vez más, Binet resucita para construir su novela. El personaje clave de la misma, o el que al menos atrae todas las miradas, es el SS Reinhard Heydrich, nombrado jefe de la Gestapo (policía política del III Reich alemán) y considerado por esta doble militancia el hombre más peligroso de todo el régimen y la Alemania nazi. La trama novelesca se centra, además de en los jerarcas nazis, en dos resistentes checoslovacos (Gabcík y Kubís) que son instruidos por el servicio secreto británico con la única misión de matar a Heydrich. La situación es real. Estos dos “agentes británicos” se lanzaron en paracaídas en las afueras de la Praga ocupada por los nazis para ser recogidos por resistentes checos que les facilitan los medios para llegar hasta el tirano y asesinarle. Técnicamente el golpe y la planificación del atentado fueron un desastre, que dio al traste con el éxito de la misión, al menos aparentemente. Se produjo una especie de accidente sin importancia, pero que a la postre terminó con la muerte por causas naturales del odiado Heydrich. Los dos comandos, tras una serie de vicisitudes, fueron aislados en una cabaña y muertos por las fuerzas de seguridad de la policía alemana.

¿Qué es, pues, lo importante de esta novela cuyo asunto es ya bien sabido; ya se ha contado otras veces y se conocen sus más intrincados detalles? Todo esto es un pretexto que sirve a Binet para desarrollar su teoría de cómo se debe contar, utilizando la ficción narrativa, un suceso histórico. Se trata, pues, de enfrentar la ficción y la realidad. La ficción necesita una manera precisa de ser contada, de manera que parezca al lector tan precisa y real como la propia historia. A veces –pienso— es más verosímil o lo parece, más que la propia verdad, la ficción, puesto que hay aspectos de la realidad que siempre quedan en nebulosa; personajes que se diluyen, desaparecen o dejan de tener importancia en la vida real y que, sin embargo, hemos de mantener en la ficción –es decir, en la novela– como reales e importantes, es decir, como verdaderos.

Esto que acabamos de decir no deja exento a Binet de cultivar o caer en tópicos. Véanse, por ejemplo, las páginas 60 y 61 (de la edición española en Seix Barral) en las que el general americano Patton aparece tal y como lo describieron las películas, aunque el autor intenta cubrirlo: “En resumidas cuentas, la película habla de un personaje ficticio cuya vida está muy inspirada en la carrera de Patton pero claramente no es él”. Binet habla aquí de la necesidad de los novelistas históricos de hacer bricolaje con la realidad para poder ensalzar el guion o dar coherencia a un personaje; hacer trampas con la eternidad; usar procedimientos de “normalizada falsificación” para parecer que se está inventando, pero se pregunta Binet, por ejemplo: “No, no es inventado (…) ¿Qué interés habría en “inventar” el nazismo?”. Otro ejemplo sería la utilización de tópicos sobre la resistencia francesa cuando se le supone sin más una gran importancia, que no fue tanta; pero el mismo autor descubre en su afición por la novela histórica y fantástica, Sallambô, de Flaubert, que le pareció muy superior a otras suyas. Concluye que una novela histórica no puede ser tan cargante como un libro científico.

Es así como mantiene una constante lucha interior entre realidad histórica, ficción que intenta contar esa realidad y cómo se resuelve esa tensión. Los recursos son infinitos: inventa para crear historia; desmiente para hacer creer histórica esa mentira y siempre acompaña a los personajes para convertirlos en importantes. Personalmente, tengo mis dudas de la eficacia de algunos de los extremos a los que recurre Binet. Por ejemplo, el uso que hace del apellido Moravec, como coronel y valiente jefe de los servicios secretos checos; héroe de la resistencia interior o el infame ministro que colabora con los nazis, y todo ello sin contar con el capitán Moravek, otro de los jefes de las redes de resistencia. Todo ello provoca cierta confusión que podría ahorrársele al lector.

No obstante, la novela es muy brillante, engancha; lleva a saltar de una a otras situaciones a través de capítulos muy breves y a tener la impresión de que estamos hablando, en un original giro literario, de algo parecido a la actualidad. Parte de su encanto reside en que la trama está construida como un thriller que mantiene el interés de principio a fin.

La entrevista.
Recientemente, El País del 6 de diciembre publicó, tras años de silencio (HHhH se publicó en 2011), una entrevista con el novelista que vale la pena leer y detenerse en ella.
La entrevista está hecha a propósito de la publicación de su segunda novela La séptima función del lenguaje, que viene a ser como la reválida de su anterior novela.

En esta, Binet incluye tanto en la forma como en el argumento, el ensayo como una parte de la narración que se integra en la acción. La forma sigue pareciendo como en la anterior un relato policial, o al menos un thriller en parte, puesto que comienza con un asesinato en plena calle. Pero el muerto no es cualquiera, es el gran ensayista y mago de la palabra Roland Barthes. El libro se recrea con la aparición de varias figuras del pensamiento francés de la época, tales como el propio personaje asesinado, Michel Foucault y Derrida. Aparecen fragmentos de lo que dijeron puestos en boca de los personajes. La novela está siendo polémica pues hubo algunos otros escritores como Philippe Sollers y Julia Kristeva que llegaron a amenazar a Binet con abrirle un proceso, en particular por el párrafo dedicado a Foucault en una sauna gay.

La entrevista entra en este y otros muchos temas desde las concepciones del escritor sobre su propia forma de escribir: “Escribo contra una idea rancia y autosatisfecha de la literatura”, hasta lo que opina de algunas figuras de la política francesa: “Hollande me ha decepcionado. Todas sus medidas son de derechas”. En fin, la polémica está servida.

13/12/2016























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