jueves, 17 de marzo de 2016

EUROPA Y LA CRISIS DE LOS "REFUGIADOS"

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                                                   Foto tomada del diario Levante


Los ojos de Hipatia mar 16th, 2016

Por José Antonio Vidal Castaño. Doctor en Historia y escritor. Autor de Exiliados republicanos en Septfonds (1939) (Catarata, 2013)

Ante la “avalancha” de centenares de miles de personas que huyen con lo puesto de la guerra que asola Siria y buscan refugio en la Unión Europea, nos hemos visto inundados de millares de imágenes que hablan por si solas, que trasmiten insolidaridad, violencia represiva e inhumanidad. Campos cubiertos de tiendas de campaña, llenos de barro, encharcados y en muchos casos cercados por alambres de púas; caras que reflejan rabia, impotencia, miseria y dolor. Miles de seres humanos que soportan la indigencia y la violencia al carecer de otra alternativa.

Y es que, en muy pocos meses la supuestamente civilizada Europa del euro, ha cancelado las puertas de la tolerancia y de la acogida, cediendo ante el empuje xenófobo de los que reclaman, a voz en grito y lo que es peor, a golpe de voto democrático, detener la oleada migratoria tras la frontera de los Balcanes, descargando sobre Grecia y Turquía (con acuerdos monetarios o sin ellos) todo el peso del drama. Los primeros en mostrar su hostilidad fueron los gobiernos húngaro y austriaco; los recientes resultados electorales en algunos landers alemanes lo confirman. La extrema derecha arrincona a socialdemócratas y conservadores contra pronóstico y tan solo los verdes se mantienen, ¿Qué está pasando?

A las primeras noticias que intentaban dar una visión general del problema apoyándose en versiones particulares, en entrevistas a los angloparlantes que buscaban llegar a Alemania), le ha sucedido una literatura periodística que ha acuñado el término “refugiados” para todos aquellos que huyen de la guerra y que han emprendido el duro camino del exilio para ponerse a salvo.

En contra de lo establecido, sostengo que se trata de un éxodo migratorio debido a causas no económicas. Por lo tanto lo que tenemos son exiliados y no emigrantes económicos que han escogido mejorar sus salarios a cambio de vender su fuerza de trabajo. Estos huidos de la muerte, de la guerra y sus secuelas, no han tenido oportunidad de escoger. Son exiliados desposeídos de los derechos que asisten a los que gozan del estatuto de refugiados, por lo que merecen con creces toda la ayuda humanitaria que seamos capaces de dar. ¿A que viene pues hablar de “refugiados” cuando no han sido legalmente acogidos?

La obsesión por establecerse en Alemania parece haberse diluido ante las drásticas medidas de las autoridades germanas -tras un equívoco ramalazo de solidaridad oficial- que parecía apartarse de la extremada brutalidad exhibida por los gobernantes de Hungría o Serbia. Se habló de establecer períodos de acogida para “inmigrantes ilegales” no superiores a tres años, pero lo que se va consolidando son los campamentos; míseros poblados sin las mínimas condiciones higiénicas y sanitarias que, inevitablemente, devienen campos de concentración a la usanza de los años 30 y 40 del siglo pasado, incluso tienen ahora peor pinta, por ejemplo, de los que habitaron los republicanos españoles a partir de 1938 y 1939, en varias regiones de Francia.

El lenguaje de las televisiones ante estas situaciones ha tendido a mostrar el drama que se desarrolla ante las cámaras, enfatizando lo “espectacular”, incentivando el morbo para elevar la audiencia: “no se pierdan el telediario de la noche donde asistirán a escenas impactantes” -se ha llegado a decir- e incluso haciéndose eco de fuentes de dudosa procedencia, se ha alertado de la presencia de yihadistas entre los huidos. Cabe recordar que en todas las emigraciones masivas que en el mundo han sido, se ocultan -entre los que se exilian- logreros, pícaros y delincuentes de toda laya que suelen aprovechar la confusión en su provecho. Generalizar la sospecha promueve rechazo social e influye negativamente sobre el deber social y ético de la acogida . Claro que lo del cardenal arzobispo Cañizares fue aún peor, con su xenófobo comentario acerca de la limpieza del trigo y los “refugiados”. ¿No se acordó el alto prelado del dicho sobre el trigo y los genitales?

La intensidad informativa desplegada ante el éxodo sirio, ha convertido este drama político y humano en la noticia por excelencia, dejando en segundo plano el flujo constante de la emigración africana que huye de hambrunas y otras guerras, un drama que nos afecta a los europeos sudoccidentales de manera particular y cotidiana. Este es uno de los muchos efectos colaterales de la tiranía informativa que ya es moneda corrientes en las sociedades modernas.

No parecen existir entre los dirigentes de la UE una decidida voluntad política para establecer consensos que favorezcan la solidaridad. Se discuten cuotas de reparto sin acuerdos definitivos, y lo que fue tratado como espectáculo, se traduce en burocracia y malos modos. Lo que hay es miedo e inoperancia, fuegos de artificio y florilegios parlamentarios para ocultar la sordidez de un ambiente tenso.

Ante prácticas políticas de esta índole parece necesario señalar el uso abusivo de la palabra refugiado (casi siempre en plural) hasta imponerla en el lenguaje coloquial. Hoy hablamos todos (desde el ciudadano teledirigido de a pie, a los más sesudos redactores de prensa escrita, digital o no) en esos términos. ¿Por qué resulta tan frecuente el uso de esta ficticia expresión? El origen de la confusión parece estar en la existencia de abundante documentación legal impulsada por la ONU para protección de los desplazados y los sin techo tras la Segunda Guerra Mundial, reconocidos como refugiados políticos; situación que no mejoró durante la guerra fría. Sin entrar en reyertas semánticas, nos limitaremos a subrayar el uso inadecuado de esta palabra y dejar sentado que se hace en evitación del uso de palabras que suenan peor como: exilio, destierro, concentración y sus plurales, etc.

La Convención de Ginebra, relativa al “Estatuto de los refugiados”, fue considerada como la Carta Magna de estos derechos. Está Convención, aprobada el 26 de junio de 1951 por la Asamblea General de la ONU, tenía limitaciones temporales. El 31 de enero de 1967 se añadió un nuevo Protocolo, pero en 1992, esta legislación, estando vigente, no goza ya, en la práctica, de la autoridad suficiente para imponerse en el actual desconcierto de los estados europeos…

Es inevitable el siniestro recuerdo de los campos de concentración nazis, fueran de trabajo o exterminio; de la barbarie de los gulag en la antigua Unión Soviética o el recuerdo de los campos de “internamiento” de la Francia de Vichy que acogieron a los exiliados republicanos españoles. ¿Son estos infamantes recuerdos los que hacen proliferar ciertos eufemismos?

Se ha comparado, por ejemplo, la situación de los actuales exiliados sirios con los españoles que protagonizaron el éxodo de cerca de medio millón de personas en 1939. En efecto entre aquella situación (de la que hace ya 75 años) y la actual hay diferencias pero también elementos comunes, a saber: la existencia de una larga y despiadada guerra civil que involucra a potencias extranjeras y el carácter masivo del éxodo que en el caso de los exiliados sirios es todavía mayor que el de los españoles, involucrando a cerca de la mitad de los habitantes de su país de origen. Tras agotadoras jornadas y después de soportar el rechazo de los países más cercanos, algunos centenares ha logrado llegar a diversos lugares de Europa pero la mayoría, agotados sus recursos económicos, esperan agónicamente a que Europa les abra las puertas… Es noticia permanente la sangrante ruta de las islas griegas que revive el problema de las mafias y la bien conocida tragedia de las pateras… Una vida, la de estos exiliados, que nunca será ya como la que conocieron ni se parecerá al supuesto paraíso alemán o escandinavo con el que soñaron.

Lo cierto es que, pese a las buenas intenciones como las que expresó hace meses la comisaria Emma Bonino, los desacuerdos prevalecen como el ocurrido en la propia Alemania entre el gobierno de Merkel y su exsocio, el socialcristiano bávaro Seehofer. El notable avance de la ultraderecha ensombrece más el panorama; en Austria, por ejemplo, pasó en poco tiempo, a sumar en Viena más del 30 por ciento de los votos en litigio.

Ante la crisis abierta por el tema de “los refugiados” parece interesante recordar lo que advertía el historiador británico Tony Judt (ferviente europeísta desengañado) en su ensayo sobre la Unión Europea titulado ¿Una gran ilusión? (Taurus 2013): “… una unión más estrecha de las naciones de Europa es imposible en la práctica, y por tanto tal vez sea imprudente prometerla”.

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