martes, 8 de diciembre de 2015

Cucurbitácea para un debate sin debate

 




Pocas veces he visto a cuatro personas más perdidas que a los cuatro protagonistas del debate (¿?) electoral tan absurdamente planteado y peor resuelto por ese ente mediático y bicefalo llamado A3 Media.


Kafka no lo hubiese imaginado mejor que el director, el guionista y los "conductores" del mismo Ana Pastor (envarada y chillonceta como siempre) y Vicente Vallés el "conciliador", metrónomo de tiempos y equilibrios sin sentido, y tan poco imaginativos ambos, como de costumbre.
 Con este escenario de diván psiquiátrico sin divanes, ni siquiera sillas, sin atriles, con piloncitos de madera para depositar papelitos y vasos de agua que nadie se atrevió a consumir y ridículos taburetes asistimos a la verborrea más desangelada, despersonalizada y polichinelesca de la historia de los debates electorales televisivos. Cuatro marionetas más que personajes en busca de autor que hubieran entusiasmado al propio Pirandello y desilusionado a cualquier hijo de vecino sensato.
 

A Sánchez -y me molesta infinito tener que escribir esto- le falta madera de líder. Parecía el chico aplicado con el traje de los domingos. Domina los datos pero le falta el punch, la movilidad y oficio de orador; la chispa y la oportunidad para apretar cuando se debe. En ocasiones me parecía un 'madelman' sin recursos -¿los recuerdan?- aquellos muñecos que braceaban sin acompasar su pensamiento a la rigidez de sus cuerpos.
A Iglesias, le sobró como siempre demagogia y modales profesorales con bolígrafo. Repetitivo, con mala leche y números descuadrados, fue de mejor a peor para liarse al final con el tema de Cataluña. No logró mostrar esa cara de centro-izquierda que propugna tras muchos devanéos.


Podemos no tiene posiciones definidas con claridad frente a Cataluña ni frente a la amenaza yihadista, entre otras ambigüedades. 


A Saenz de Santamaría le salieron los coloretes al intentar exculpar a Rajoy y fue incapaz de superar con su actuación el papel de madraza y domestica que representa en el Congreso. Se limitó a repetir datos falsificados sobre el paro, las pensiones, la educación, etc. Esperaba mucho más de ella. Que hubiese, al menos, mejorado a Rajoy. Ni eso, llegando a tener algún rifirrafe con su sucesor natural a medio o largo plazo el catalán Sr. Rivera que mostró ser un neófito muy aseado y con detalles de buena educación, aunque sus propuestas huelen a rancias, sacadas de la vieja trastienda popular del baúl de los recuerdos... 

(Mañana continuará).


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