domingo, 22 de diciembre de 2013

Día a Día. YESTERDAY

-- La tarde de hace varias tardes no mejoró, y la humedad, esa que llaman relativa, me caló los hasta el tuétano. Pero todo se animó cuando pise la moqueta del pequeño estudio de radio Turia (La Eliana) en la 90.3 FM. Años sin visitar una emisora. No me puse los cascos (sólo al final para oír la sintonía) ni moví papeles que retumban en los micros. Fui feliz hablando sin parar. Al acabar, Luis daba golpecitos en mi espalda, la chica del control me lanzó un etéreo beso ¡Che. Has estat molt bè! Al poco y de nuevo en el coche, sumergido en el relente de la noche, recordé en contacto helado con un vaso de cerveza, el sabor a malta espumosa en el gaznate, la puerta giratoria del bar y las palabras del amigo Félix acerca de una propuesta cultural, dejada caer cuando nos vimos después del programa. ¿Cultural? Recordé lo de los nazis y la pistola. Mi melancolía se aceleró a ritmo de motor durante  quince minutos; los que pasaron para estar de vuelta a la ciudad de los fuegos artificiales y la pirotecnia sin sentido… Valencia. Todas las estrellas fugaces cruzaron, una a una, por delante de mis narices. No pude retener una brizna de su brillo. La oscuridad se fue haciendo total, mientras Yesterday, la más triste y bella canción del siglo XX no paraba de sonar en mi cabeza.







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