martes, 14 de junio de 2016

DESMITIFICAR EL MITO

Esta es una de las fotos más cándidamente eróticas de la Marilyn. Con esas pestañas más que postizas y ese sostener entre las manos ese rosario de cuentas de cristal de roca o de alta bisutería.
¿Qué no es eso?
Que más da. Ahí subyace el deseo, la herida pecaminosa de esas manos. Es la orgullosa vergüenza del celuloide amargo.
¿Marilyn?
Cuanta vida simulada, cuanto mito, cuanta pasión contenida; cuanta mentira escondida en esa cabecita -nada loca- de una falsa muñeca pecadora.
-¿Ese icono desvalido? ¿Pero que me dice usted?
- Ella, fue ella quién fabricó su icono. Cuanto relato urdido en torno a una leyenda viva sobre una criatura bien muerta. ¡Cuanta soberbia! ¡Cuanto crimen! Pero, que admirable lección de supervivencia.
- Dedíquele pues una sonrisa, y si no, desaparezca. ¡Esfúmese!
- No lo haré... Combato el mito...
Me dan ganas, aunque sea difícil confesarlo, de derribar el mito; de sacudirme el agobio de decirlo y re-nombrarlo. ¿Marilyn? Esa pu-pe-ci-na rubia y voraz, ese mito permanente ya-no-me-va.
Ya se que no se lo creen. Qué ustedes adoran los mitos y que yo me repito todos los días que más vale dejar en paz a los mitos, pues los mitos, mitos son. Y no son cosa del pasado, sino del presente. Los fabricamos a diario y nos sentimos tan felices al hacerlo como desdichados somos cuando dejamos de inventarlos.

José Antonio Vidal Castaño (03/06/2016)


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