jueves, 31 de enero de 2013

El discurso del Rey

 
¿El discurso del Rey?


Resulta imposible determinar –a no ser que se forme parte del equipo que elabora los discursos- el grado de participación real en la redacción y puesta en escena de los mismos. Es bien sabido que las instituciones que detentan o representan poder no suelen dejar nada al azar o al -en este caso- real capricho. Un equipo de redactores y especialistas elabora borradores y pre-textos, hasta llegar a un texto definitivo con visto bueno y sello de la casa.  
La técnica de la gestación del ‘discurso del Rey’ (sea el que sea) es similar a la fabricación de un best-seller. Se fabrica una minúscula porción de ‘novela histórica’, aunque sin dos de sus ingredientes necesarios para el éxito de ventas: el sexo y la intriga. El tercero, la violencia, no falta, pues la provoca su lectura publica, es decir, la vergüenza e impotencia del ciudadano ninguneado o excluido por el discurso, de los problemas nacionales, o convertido él mismo en carga y problema. Los fabricantes de estos cuentos están al tanto de las políticas del gobierno de turno; de lo que, según conviene, deben comunicar a la “nación española”, pues el Rey (Constitución dixit) reina, pero no gobierna.
 Casa Real y gabinetes de expertos estudian los efectos de los discursos sobre telespectadores y radioyentes; sobre los ‘analistas’ o ‘tertulianos’, que puedan influir en la opinión pública; aunque esta opinión, sea sólo la suya. También se miden y valoran los registros de audiencia, que ofrecen un veredicto más frio e imparcial. Y estos datos, al menos en los últimos años, no suelen ser favorables a los propósitos reales. Me causan pues, cierto estupor –no soy el único- las opiniones de una destacada política como Trinidad Jiménez, cuando señaló, tras el último mensaje navideño la “proximidad” del discurso real: “muy ajustado a la realidad social y económica del país” -dijo-, y que el Rey “quiere que trabajemos todos juntos para sacar nuestro país adelante” ¿Coña o frivolidad? ¿Es la Trinidad Jiménez, secretaria de Política Social del PSOE, la que habla, o la familiar del actual ministro de Justicia y ex alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón? ¿Deberían los 'populares' ofrecer un puesto a Jiménez en su gobierno? La ex ministra tiene experiencia y empaque; amén de aplicación doctrinaria, o, ¿debería dimitir Rubalcaba desbordado por las declaraciones de sus colaboradores, coincidentes con el pensamiento de sus adversarios políticos? Nada que decir de la coherencia de los “populares” y plumíferos conservadores, resaltando actitudes modernas e innovaciones formales en lo tocante al escenario de los discursos, en un intento por blanquear la maltrecha imagen borbónica. Las audiencias en los últimos años indican empero la caída en flecha de la popularidad de la familia real, cuyas cuitas ya no seducen ni interesan a las mayorías. Valga como ejemplo que, el discurso navideño del Rey, tan sólo en buena parte de la vieja Castilla fue visto con una atención superior a la media. Poca cosa. Pase lo que pase en el futuro, ya no será el discurso real el baremo adecuado para conocer la medida de la aceptación o rechazo de la estirpe borbónica. Lo específico del ‘discurso del Rey’ es que no hay discurso. Intenta ser un engañabobos pero ya no es, ni eso. No terminaré sin advertir que, nada de lo dicho tiene algo que ver con la duración de la institución monárquica en el teatro de las Españas, ni que su hipotético futuro, más o menos próximo, conduzca a una venturosa época que nos traiga una renovada República. ¡Si fuera tan fácil!
enero 2013      

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